Merece la pena que
reflexionemos sobre el impacto que está teniendo la situación política por la
que atraviesa nuestro país, en las relaciones entre españoles.
Soy de los que desde hace
ya bastante tiempo estoy convencido de que la política de frentes o trincheras,
esa de la que viven algunos partidos, esa vieja política de la confrontación y
de la polarización, es sumamente perjudicial para nuestra sociedad, pues en
pleno siglo XXI no se puede sostener la concepción cainita del bando rojo y del
bando azul.
A veces se me sonríe
alguien cuando le digo que soy políticamente transversal, pero esa afirmación
es todo un alegato en pos de esa reconciliación nacional que se tuvo en la mano
durante la Transición y que ha terminado de perderse con la aparición de
Podemos en el panorama político.
Lo cierto es, que este
clima de enfrentamiento político se traslada demasiado a nuestras relaciones
sociales, lo que ha provocado que ya muchos ciudadanos se nieguen hasta a
hablar de política por temor a enemistarse con
el otro.
Yo personalmente lo tengo
muy claro, respeto a las personas y a los colectivos que respetan los DDHH, la
democracia y la libertad, por ello combato a todos los partidos que pretenden
arrebatarnos todo eso.
Todos los partidos que no
suscriban los pactos antiterroristas, que no condenen el encarcelamiento de
opositores políticos democráticos en cualquier país del mundo, que sientan
simpatía por los terroristas que tanto dolor causaron a miles de familias de
nuestro país, a todos esos partidos los combatiré en la medida de mis fuerzas.
Aun sabiendo en lo que se
ha convertido esta supuesta democracia en la que vivimos, siempre optaré por
transformarla y no por dinamitarla, pues
considero una temeridad recurrir a peligrosas aventuras revolucionarias, cuyo
fin sería el de siempre, los que no tienen nada seguirían igual, los que tienen
algo lo perderían, y lo que quedara estaría en manos de los dirigentes del partido hegemónico. En definitiva, miseria, miseria y miseria.
