Se ha celebrado en Valencia
una gran manifestación de apoyo a las corridas de toros. En ella, toreros,
ganaderos y aficionados, fueron una sola voz, por la libertad y el respeto, en
tiempos de acoso a la Fiesta Nacional. Ayer, parte del pueblo español, tomó la
calle para reivindicar el toro como parte de nuestra cultura.
Algunos políticos hacen
gala de unos prejuicios culturales inauditos, de una intolerancia hacia una
práctica, la tauromaquia, que está amparada y protegida por la Constitución,
por lo que los que la practican o los espectadores que asisten a las plazas
tienen derecho a ser tratados con respeto. No se puede negar, que las corridas
de toros forman parte de nuestro patrimonio cultural.
En una democracia real, y
dudo que esta lo sea, tendrían cabida todas las expresiones artísticas y
culturales, pero aquí, hay políticos que atendiendo a intereses meramente
partidistas quieren menospreciar una práctica de arraigadas tradición en
nuestro país. No olvidemos, que la tauromaquia fue declarada en 2013 Patrimonio
Histórico Cultural.
Estos totalitarios
intolerantes pretenden cargarse un sector que tiene un impacto económico de
3.500 millones de euros y que da 200.000 puestos de trabajo, además de ser la
actividad cultural que más dinero aporta al conjunto de las Administraciones
Públicas.
Hablamos de un espectáculo
que se ha mantenido durante siglos con
una amplia aceptación popular, hablamos de una manifestación artística
que forma parte de nuestro patrimonio.
Reconozco que solo he ido a
los toros en dos ocasiones en toda mi vida, y que si no me vuelven a invitar,
posiblemente nunca vuelva, pero siempre me posicionaré en defensa de la
libertad y en contra, de quienes desde la intolerancia y la coacción, quieren
arrebatárnosla.
