Rajoy parece no aprender de
sus errores. Ayer nos sorprendió a todos con su suicida decisión de proteger a
Rita Barberá, ex alcaldesa y Valencia.
Aunque es cierto que la
justicia no ha actuado aún sobre la Barberá, esta señora supone a fecha de hoy
una auténtica bomba de relojería próxima a explotar que se puede llevar por delante a lo poco del
PP valenciano que queda aún en pie y cuya onda expansiva podría incluso
producir destrozos en calle Génova.
Que el Partido Popular se
haya atrevido a adscribir a Rita Barberá en la Diputación Permanente del Senado,
para que siga aforada en caso de que se convoquen elecciones para evitar
problemas en medio de una hipotética campaña, es un hecho muy grave. Todos,
absolutamente todos sus colaboradores, están siendo investigados por una trama
de corrupción masiva y muy bien organizada, que actuó justamente, durante los
años que ella ocupó la alcaldía de Valencia.
Aún en el absurdo de pensar
que ella era ajena a la organización criminal formada por todos sus hombres y
mujeres de confianza, su responsabilidad política sería inmensa y la
descalificaría para seguir en política.
Debido a la situación tan
complicada por la que atraviesa Rita Barberá, el Partido Popular entendió que
ella no podía seguir presidiendo ninguna comisión del Senado, por ello ahora no
preside ninguna, pero a cambio está adscrita a dos, por ello, ha aumentado sus
ingresos, buen pago a su, dejadez o deshonestidad, como dirigente.
Lo dicho, el Partido
Popular continúa erre que erre, y sigue con
este tipo de gestos que indican el escaso compromiso que tiene con esa
regeneración democrática que clama una parte importante de la ciudadanía
española.
