El debate a cuatro de ayer
noche, organizado por Atresmedia, me ha resultado muy clarificador, y pienso,
que también ha servido para aclarar las ideas de muchos españoles de cara a
quien van a votar el 20-D, invitados o excluidos en este debate.
Desde mi punto de vista, el
gran perjudicado y claro perdedor ayer, fue Pedro Sánchez, a quien se le vio
siempre en tierra de nadie y hostigado por los dos partidos que aspiran a
robarle votos por diestra y siniestra. Si en el debate a dos con Rajoy no es
capaz de obrar un milagro, le auguro al PSOE un hundimiento histórico.
Posiblemente, Susana Díaz tenga ya reservado billete del AVE, Sevilla-Madrid, para el día 21 ir a la capital del reino y
expedir el certificado de defunción política del actual líder socialista.
Pablo Iglesias, hizo su
mejor debate, fue el que más suelto estuvo, atacó a Soraya con los casos de
corrupción del PP y acusó al PSOE con las puertas giratorias, además de tener
un emotivo recuerdo a los que más han sufrido la crisis en el último minuto de
su intervención. No obstante, sabiendo lo que hay detrás del líder de Podemos y
su cúpula, y me refiero a que parte de su financiación procede de regímenes
totalitarios y criminales, solo tiene acceso a los votos de los electores menos
instruidos, menos informados, y al de radicales que desconocen que es la
democracia. No obstante, pese a decir esto, que supongo les molestará a muchos,
respeto y entiendo que todo el mundo tiene derecho a votar lo que desee.
Albert Rivera, siempre se
mostró muy nervioso, trató de convencernos de que él es el centro, atacó al
bipartidismo, y habló de regeneración, esta vez, con la boca pequeña. Le enseñó
a Soraya una portada de prensa para acusar a Rajoy por el caso Bárcenas, pero
no pudo atacar al PSOE por la corrupción en Andalucía por ser su partido cómplice
de quienes la tapan. Yo lo vi más flojito que otras veces, y es normal,
Ciudadanos es un partido compuesto por
desertores, marginados y expulsados de otros partidos, todos ellos
oportunistas sin piedad, con listas electorales llenas de deshechos de la
política. Partido que internamente tiene unos comportamientos más parecidos a
una dictadura que a esa democracia interna de la que alardea y le exige a los
demás.
Soraya Saenz de Santamaría,
fue para mí quien ganó el debate, y eso que no es la candidata de su partido,
pese a tener el hándicap de ocupar el lugar de un líder que ha preferido esconderse
y no acudir, fue la más sólida, razonable, realista y convincente, diría yo,
que ayer se consagró como la sucesora natural de un Mariano Rajoy que sigue sin
dar la talla.
Ayer quedó muy claro, que
la voz de la regeneración estaba en la calle, porque su líder había sido vetado
por los organizadores.
