La Ley prohíbe que
diputados y embajadores, salvo excepciones,
obtengan otros ingresos, pues su dedicación debe ser absoluta y
exclusiva.
Recuerdo esto, porque acaba
de estallar un nuevo escándalo protagonizado por dos conocidos miembros del
Partido Popular, el diputado del PP por Segovia, Pedro Gómez de la Serna, y el
embajador de España en India, Gustavo de Arístegui, ambos propietarios de
sociedades a través de las cuales, se ha sabido que hacían pingües negocios
haciendo de conseguidores de contratos públicos para empresas españolas.
Hablamos de cargos públicos que utilizaban sus
influencias y contactos para conseguir contratos a cambio de comisiones
ilegales. Curiosamente, ambos aseguran haber obtenido el permiso de la Comisión
del Estatuto de los Diputados para realizar este tipo de actividades.
El pasado 11 de noviembre,
un antiguo colaborador de estos dos tipos, denunció ante la Fiscalía
Anticorrupción el negocio paralelo e ilegal de Arístegui y Gómez de la Serna,
las fuertes comisiones cobradas y su incompatibilidad con el ejercicio de sus
cargos.
Estamos ante un caso
bochornoso que debería solventar el PP con la inmediata expulsión de estos dos
“pájaros”, pues a once días de unas elecciones generales el no hacerlo podría
pasarles factura. Si la oposición no utiliza este caso en campaña, empezaremos
a pensar que no lo hace porque ellos hacen lo mismo.
De nuevo podemos constatar,
que en este país, mientras no se demuestre lo contrario, muchos de los que se
han dedicado o se dedican a la política, lo hacen única y exclusivamente para
enriquecerse, utilizando su cargo para ello. Y claro, así nos va.
