Mariano Rajoy ha declarado
que está dispuesto a abrir en la próxima legislatura el debate sobre la reforma
de la Constitución, insinuando modificar el título VIII, es decir, la
organización territorial del Estado.
Considero poco serio que
Rajoy abra este debate a mes y medio de las elecciones catalanas y a cuatro
meses de las generales, y sobre todo, al final de una legislatura con una
mayoría absoluta desaprovechada.
En 1978 debí de ser un
visionario, pero fui uno de los que votó que NO a esta Constitución, y lo hice
precisamente por la organización territorial que se establecía, por ese
engendro denominado la “España de las Autonomías”. Ahora estoy orgulloso de
haber votado NO en su día y considero que gran parte de los males que sufrimos
son consecuencia de una organización territorial que se ha convertido en un
pozo sin fondo que devora los recursos del país, que fomenta la corrupción, y
pone en peligro la convivencia y el futuro de esta gran nación que es España.
Es evidente, que a estas
alturas es bastante improbable que se pueda volver a un Estado centralista,
pero en cambio, sí que es posible cerrar definitivamente la distribución
competencial. El sentido común nos dice, que debe haber una serie de
competencias que deben ser exclusivas del Estado, y que entre ellas deben de
estar las tres marías, Sanidad, Educación y Asistencia Social. Quitándoles
estas tres competencias a las CCAA se les reduciría el 80% de su presupuesto, y
con ello, la posibilidad de enchufar como hacen ahora y de robar, y sobre todo,
se devolvería la igualdad a los ciudadanos españoles residan donde residan en
cuanto a prestaciones de servicios básicos. De hecho, el CIS de julio nos dice,
que los españoles somos más autonomistas, sin lugar a dudas porque tienen claro
que lo que viene después es peor y les asusta. Dirán que más vale malo
conocido.
Si tenemos en cuenta la
actual distribución parlamentaria, vemos como podría ser imposible alcanzar una
mayoría cualificada para hacer posible un consenso, pues la izquierda se aferra
a la cantinela de ese modelo federal que nunca explican y que significaría
poner los cimientos de la destrucción de nuestro país.
Tengo la impresión de que
Rajoy, dice lo que dice, para que no le sigan acusando de inmovilista en este
asunto, pero que sabe que el acuerdo es imposible, a no ser que D. Mariano
pretenda cometer una nueva traición a sus votantes y a su país, y vuelva a la
vieja senda de la cesión para apaciguar a quienes nunca se darán por
satisfechos.
