La normalización de las
relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba es una noticia
esperanzadora pero no histórica. Hace casi sesenta años, EEUU rompió esas
relaciones con la intención de conseguir algo que no ha conseguido. La decisión
de Obama se puede contemplar como un síntoma de debilidad, o por el contrario
como un cambio de estrategia para conseguir lo mismo de otra manera, o
simplemente puede ser la forma egoísta que ha contemplado Obama para pasar a la
historia.
Es constatable que el
embargo no ha funcionado, pues ha servido de coartada a la dictadura comunista
para enmascarar su fracaso económico y ha condenado a los cubanos a la miseria.
A ello ha ayudado mucho que Rusia y Venezuela han ayudado a los Castro.
Con el actual acercamiento,
habrá muchas empresas estadounidenses que se instalarán en la isla, harán
grandes negocios y darán trabajo a bastantes cubanos, eso es importante, pero
no olvidemos que lo realmente importante es que se respeten los DDHH y se
produzca la necesaria transición a la democracia.
Hoy en día, los cubanos son
súbditos de una Dictadura gerontocrática que tiene los días contados, pues los
Castro son ancianos y difícilmente surgirá un “Maduro cubano” que los sustituya
y que pueda parar los vientos de libertad que circulan por la isla.
Es un hecho constatado, que
desde que comenzaron las negociaciones formales entre ambos países, el
castrismo ha endurecido la represión contra la disidencia, incrementando las
detenciones y hostigando a la oposición.
Utilizando un lenguaje
infantil, podemos decir que, los buenos han cedido y los malos quieren dejar
claro que seguirán gobernando Cuba con puño de hierro. Cuba parece querer
copiar a China, aperturismo económico pero nada de libertades, la gran pregunta
es si lo permitirá el mundo libre a cambio de poder hacer allí sus negocios
abandonando a los cubanos a su suerte.
