Se ha hecho pública la
primera remesa de personas que perciben un salario público y que defraudan,
exactamente 705. Uno de ellos es Rodrigo Rato, vicepresidente económico de los
gobiernos de José María Aznar.
Rato tenía dinero oculto
fuera de España y lo regularizó al amparo de la amnistía fiscal aprobada por el
gobierno de su partido, por el actual gobierno de Mariano Rajoy.
Me sorprende que un
servidor público, con los sueldos más bien modestos que perciben en este país,
haya podido enriquecerse de tal manera que pueda mantener en el extranjero
cuentas ocultas al Fisco. En el caso de Rato aún no ha trascendido, ni si el
origen es ilícito, ni si la cantidad llega a ser mareante, pero es evidente que
hablamos de un escándalo de proporciones enormes al tratarse de quien durante
años dirigió esa Hacienda Pública ante la que ahora tendrá que rendir cuentas.
Estamos ante una nueva
noticia, devastadora para el Partido Popular y para el sistema, pues Rato ha
sido sin duda un peso pesado de la política, y ahora conocemos que se ha
comportado como cualquier otro de esos
sinvergüenzas que llevan años y años estafando a los españoles, sin contribuir
a las arcas del Estado. Sabemos que nos han robado un dinero que podría haber
paliado mucho del sufrimiento que ha padecido y siguen sufriendo un enorme
número de familias.
Siempre es arriesgado
hablar de corrupción sistémica, eso lo entiendo, pero salvo honrosas
excepciones, nuestro sistema está podrido, aquí no se salva casi nadie.
Dicen los medios, que lo de
Rato le va a costar al PP muchos votos en las próximas citas electorales, es
posible que eso ocurra, pero no podemos olvidar que Ratos hay en todos los
viejos partidos, y se sabe.
