Tras más de dos años,
Mariano Rajoy se decidió a convocar la Junta Directiva Nacional del Partido
Popular, donde cerca de seiscientos diputados y altos cargos iban con la
ilusión de escuchar a los máximos dirigentes del partido y a expresar su
opinión. El problema llegó, cuando tras finalizar su intervención el presidente
del partido, se dio por concluido el acto sin permitir a nadie expresar lo que
pensaba. Gran desilusión.
Se vio con claridad, que
Rajoy está muy molesto con las guerras internas, incluso tuvo que apoyar de
nuevo públicamente a Mª Dolores de Cospedal, por lo visto es de los que piensan
que la manera de que cesen los ataques entre unos y otros es simplemente
amordazando a todos. Craso error.
Rajoy debe entender, que si
sus cargos electos se ven reducidos en un 40%, van a haber muchos de sus
políticos profesionales que se pueden quedar sin teta pública de la que chupar,
de ahí los navajeos para intentar no ser descabalgado del chollo actual.
No hay ninguna duda de que
Rajoy se jugará su reelección a la carta de la recuperación económica, su
táctica va a ser la de esperar a que llegue esa mejoría y contarle a los
ciudadanos los logros de su gestión. Ninguna crítica, ninguna reflexión,
ninguna corrección al nefasto resultado cosechado en las europeas, y sobre
todo, en las andaluzas.
Ya sabemos lo que nos
espera, oír una y mil veces de boca de los populares como Rajoy salvó a España
de la crisis que le dejaron los socialistas, algo que tiene mucho de cierto
pero que claramente va a ser, desde mi punto de vista, insuficiente de cara a
las próximas generales.
La economía no lo es todo,
es importante sin duda, pero cada vez más ciudadanos ven muy mal que se rescate
a la economía, y se deje ahogarse a la democracia.
El Partido de Rajoy es una
gran estructura de poder infestada de corrupción, por muy bien que le vaya a la
economía española, eso no lo olvidan los ciudadanos.
