La nueva iniciativa de
reinserción de presos etarras presentada por Iñigo Urkullu, presidente del
gobierno del País Vasco, es una auténtica infamia. Toda la propuesta está
plagada de una verborrea más propia de un trilero de la política que de un
presidente de comunidad autónoma.
Lo que claramente reclama
la sociedad española a los etarras encarcelados es que se arrepientan
sinceramente de los crímenes cometidos, pidan perdón por ellos y demuestren una
voluntad clara de reinserción tras finalizar el cumplimiento de sus condenas.
Pero el PNV, pero Urkullu
no quiere eso. Urkullu quiere activar un plan piloto destinado a la
resocialización de presos de ETA, quienes podrían disfrutar de cobertura
institucional para, por ejemplo, acceder a una vivienda o a un trabajo. Y todo
esto, a cambio, atención al trilero, “realicen una reflexión autocrítica del
daño causado” pero solo a título de sugerencia. Y yo me pregunto, ¿Cuántos
fondos ha destinado el gobierno vasco a proporcionar trabajo y vivienda a las
víctimas de esos a quienes pretende ayudar?
Es evidente, que destinar
dinero público a estos individuos sin que previamente cumplan una serie de
premisas, sería un grave insulto a nuestra sociedad y una gran afrenta a las
víctimas.
La sociedad española ya ha
tenido demasiada generosidad con los asesinos, no podemos estar en contra de la
reinserción, pero el arrepentimiento sincero y colaborar con la Justicia para
resolver esa gran cantidad de crímenes aún pendientes deben ser condición
obligatoria previa.
Aprovecho para mostrar mi
consideración, mi respeto y mi cariño al colectivo de víctimas del terrorismo.
