Cuando el Ministerio de
Empleo y Seguridad Social da las cifras de desempleados, se rige por los desempleados inscritos en las
oficinas de empleo, mientras que la Encuesta de Población Activa (EPA) nos
ofrece un dato mucho más real, de hecho, hay un millón de desempleados que no
están inscritos. La cifra real de parados en nuestro país es de 5,4 millones.
Es evidente que hay
sectores de la población inactiva que no demandan empleo por diversas
circunstancias personales, pero la gran mayoría de ese millón de parados
invisibles lo forman aquellos que, ni cobran prestaciones de ningún tipo, ni
tienen posibilidades de cobrarlas en el futuro, y que por cuestiones
principalmente de edad, ya que para el mercado laboral español haber cumplido
cincuenta años es algo que te cierra completamente las puertas, y como
consecuencia de ello, han decidido tirar la toalla. Casi el 40% del paro
invisible registrado en toda España está en Andalucía.
A esto ayuda y mucho, el
escaso éxito de intermediación laboral que tienen las oficinas del INEM, las
cuales son simples dependencias administrativas dedicadas a inscripción de
parados y a tramitar prestaciones.
Estamos hablando de cientos
de miles de trabajadores que están inmersos en una tragedia tremenda, pues
otrora disfrutaron de una posición profesional reconocida y de un nivel de vida
que han ido perdiendo paulatinamente, y que saben que del túnel en el que andan
metidos posiblemente nunca salgan.
Mientras que los políticos
suelen hablar de propuestas para paliar el enorme paro juvenil que padecemos,
de estos, de los cincuentones nadie se acuerda.
