Aunque Mariano Rajoy quiera
que se olvide, muchos ciudadanos mantienen viva su memoria y recuerdan como él,
su actual vicepresidenta y 70 diputados más, recurrieron la actual Ley del
Aborto, llamada ley Aído, ante el Tribunal Constitucional.
El pasado mes, una docena
de diputados y senadores populares le comunicaron a Rajoy que romperían la
disciplina de voto y votarían en contra del cambio planteado por el PP, pues
entienden, que una reforma limitada únicamente a impedir que las chicas de 16 y
17 años no puedan abortar sin el consentimiento de sus padres, es convertir en
papel mojado el derecho a la vida, uno de los pilares ideológicos, de siempre,
del Partido Popular.
Estos parlamentarios
también se pusieron en contacto con el resto de altos dirigentes populares y,
ni el presidente ni ningún otro, les ha respondido. En cambio, pudieron
percatarse de que cuando Celia Villalobos afirmó en TV que “no caben en el PP
personas que digan no al aborto” jamás fue desautorizada por la dirección del
partido.
Resulta curioso comprobar,
que quienes defienden lo que siempre defendió el partido son “los rebeldes”.
Ellos defienden, que un partido que defiende o no sus principios en función de
las perspectivas electorales, es un partido en el que ha anidado la miseria
moral.
En estas líneas, no es mi
intención posicionarme en el asunto, es simplemente haceros reflexionar. Hay
ciudadanos abortistas que apoyan una ley de plazos y otros una de supuestos,
hay otros que son claramente antiabortistas, y todos tienen derecho a tener su
propia opinión, pero lo que nunca se puede permitir es que esté en política
alguien como Rajoy, alguien con principios de quita y pon que defiende una cosa
o la contraria en función de sus intereses electorales, en función de que es lo
que más me interesa para mantenerme o acceder al poder, eso deberíamos
condenarlo todos.
Y para más inri, Rajoy
llevaba en su programa electoral lo contrario de lo que está haciendo, por ello
recibió la confianza de las organizaciones próvida y de los católicos, masivamente. No tiene otra
palabra para definirlo, eso se llama estafa electoral.
