Cada cierto tiempo, y ahora
está ocurriendo, los medios de comunicación afrontan el tema de la prostitución
de forma masiva. Hablamos de un negocio que genera cinco millones de euros
diarios en España, 1825 millones anuales, y que, por culpa de su falta de
regulación, se le ha entregado en bandeja a las mafias de trata de blancas, a
las redes de proxenetismo, a esos que dan palizas, violan y amenazan a mujeres
indefensas.
La prostitución se define
como el acto de participar en actividades sexuales a cambio de dinero o bienes,
y siempre se ha dicho de esta profesión, y con razón, que es el oficio más
antiguo del mundo.
En nuestra sociedad siempre
ha sido un tema incómodo, por ello, nunca se ha afrontado en profundidad. En lo
primero que tenemos que estar de acuerdo es que si, una mujer o un hombre,
ejerciendo su libertad, toma la decisión de dedicarse a la prostitución, la
sociedad debe o no debe permitírselo, y lo segundo, si en nuestra sociedad la
prostitución debe estar permitida por el hecho de cubrir una necesidad básica.
Yo tengo muy claro que la
prostitución debería estar legalizada y reconocida, y que quienes la ejercen
deberían ser tratados como cualquier otro trabajador. Quién les puede negar
tener los mismos derechos que cualquier otro ciudadano, quien no puede estar de
acuerdo en que sean trabajadores que coticen a la Seguridad Social, paguen sus
impuestos y tengan una jubilación digna, y por supuesto, por los riesgos
sanitarios que conlleva su actividad, tengan sus necesidades sanitarias
perfectamente cubiertas
Alguien piensa que su
regularización sería perjudicial para el conjunto de nuestra sociedad, o por el
contrario, no ayudaría a terminar con el control que ejercen actualmente las
mafias sobre la mayoría de quienes ejercen esta actividad.
Nuestros gobernantes
piensan que la solución es multar a los clientes de las prostitutas, cuando la
solución es que se legalice la profesión, así, estoy seguro de que los clientes
preferirían acudir a quienes ejercen la profesión legal y libremente, que
acudir a las esclavas de las mafias.
Posiblemente haya alguien
que se oponga aduciendo posicionamientos de índole moral, unos muy respetables
y otros muy hipócritas, pues algunos de los que se oponen de forma más enérgica
luego son clientes de quienes ellos se oponen a que ejerzan su trabajo
legalmente y en libertad.
Más bien pueda ser, que
algunos de quienes ostentan el poder, no quieran acabar con el problema por
tener intereses económicos inconfesables en esos negocios.
