Alexis Tsipras, le ha
demostrado ya a la UE que no va de farol, de hecho, su primera decisión ha sido
la aprobación de un paquete de medidas totalmente opuestas a las políticas de
austeridad puestas en marcha por todos los miembros de la Unión Europea y
recomendadas por esta.
Syriza ha preferido empezar
haciendo lo que decía su programa electoral, que respetar lo pactado con la UE.
Que en la situación que se encuentra la economía griega, su presidente se
atreva a aumentar el salario mínimo hasta los 751 euros (102,40 euros más alto
que el español), volver a contratar a 10.000 funcionarios, dar otra paga extra
a los pensionistas, abolir el copago sanitario y parar las privatizaciones,
parece una temeridad. Si Tsipras eleva de esa manera el gasto público parece
imposible que pueda devolver el dinero a quienes lo rescatamos.
Al ver este panorama, los
ahorradores griegos están optando por sacar su dinero de los bancos, en cinco
días 11.000 millones, ante el temor de que el Ejecutivo griego imponga el
llamado “corralito”. Los bancos griegos han perdido la mitad de su valor, la
bolsa se ha hundido un 13% y la prima de riesgo se ha disparado hasta superar
los 1.000 puntos.
Si en febrero el Eurogrupo
no le renueva su línea de crédito, parece que nadie en su sano juicio le dará
financiación y Grecia entrará en bancarrota. De hecho, ya se escuchan voces
dentro de la UE de que el PIB griego es solamente el 1,5% del total y que es
perfectamente asumible, expulsarlos de la UE y del euro.
Pero Tsipras está
resultando ser muy inteligente y ha puesto sobre el tablero la carta de romper
el equilibro geoestratégico, ese statu quo que todos suelen respetar. Rusia,
que no pasa por su mejor momento económico y hasta la propia China, sí que
podrían financiarlos y atraerlos a su órbita de influencia. La pregunta es si
la OTAN lo permitiría.
Lo cierto es, que la sola
posibilidad de un pacto Grecia-Rusia de esa índole, empieza a poner nervioso a
EEUU y a sus aliados, nadie quiere una base militar rusa dentro de territorio
OTAN, esta baza jugada por Grecia podría salirle bien y obligar a sus socios
europeos a negociar.
Como vemos, lo de Grecia se
complica y es muy difícil saber como va a terminar.
