La macroimputación de
consejeros y directivos, de Caja Madrid y Bankia, por el uso fraudulento de
tarjetas opacas, evidencia el desfalco masivo que cometieron los representantes
de partidos, sindicatos y patronales en esas entidades.
El juez quiere dirimir si
los acusados incurrieron en un delito de administración desleal o de
apropiación indebida, delitos que si se demostraran, podrían llevar a los
imputados a prisión, algo que sin duda merecen.
Desde el año 2003 al 2011,
las cúpulas de Caja Madrid y Bankia, cargaron más de 15 millones de euros a
ambas entidades mediante tarjetas Visa sin control alguno. Sus titulares las
utilizaron en su provecho, sacando efectivo de cajeros, pagando comidas en
lujosos restaurantes, pagando viajes familiares, ropa de marca, comprando
lujosos regalos, para pagar los servicios de señoritas de compañía, y hasta
para pagar la financiación de coches de alta gama, todo un desmadre.
Y todo este atraco se
llevaba a cabo mientras la entidad se hundía y en la sucursal de la esquina se
estafaba a clientes ofreciéndoles preferentes, recordemos que Bankia fue
rescatada en 2012 con 22.424 millones de euros de dinero público, de nuestro
dinero.
Las estrategias de las
defensas de Rato y de Blesa, han quedado desmontadas tras conocerse el auto del
magistrado, pues este, recuerda que ya había Visas de empresa reguladas, e
indica que “el más elemental sentido común obligaba a sus titulares a
abstenerse de realizar gastos ajenos al ámbito de la empresa”, indicando que se
trataba de una remuneración irregular de la que eran conscientes.
Los tribunales serán los
encargados de decidir el grado de responsabilidad de cada uno de los 81 imputados, pero ante
los ojos de los ciudadanos son culpables y se entiende que el fraude que han
cometido no puede quedar impune.
No podemos olvidar, que
tanto los partidos como los sindicatos, colocaban a los suyos en los consejos
de administración de las cajas para pagar servicios prestados, estos eran
puestos muy codiciados por el chollo que suponía para los agraciados. El
resultado ya lo conocemos, entidades saqueadas y hundidas, y los ciudadanos
pagando el desaguisado, lo de siempre.
