Ayer tuvo lugar la
comparecencia de los Pujol en un juzgado de Barcelona, hemos podido verles
protagonizar un penoso espectáculo, todo un desfile de truhanes. Aquellos que
no hace mucho eran considerados como honorables miembros de la sociedad
catalana, ahora son insultados y despreciados por la parte de la ciudadanía
catalana que ya se ha dado cuenta de que la apuesta secesionista tenía como
principal objetivo, que esos dirigentes que se envuelven en la estelada se
libren de ser juzgados por los tribunales, y así conseguir no responder de las
fechorías cometidas, la total impunidad.
Mientras más veces declaran
ante la Justicia, más dudas y sospechas arrojan sobre la procedencia de la
enorme fortuna que atesoran. Jordi Pujol sigue contándonos milongas
pretendiendo que su sola palabra sirva como prueba, eso sí, sin aportar ni un
solo resguardo, ni un solo recibo, que acredite como se ha incrementado ese
supuesto legado recibido, el capo de los Pujol nos toma por tontos.
Los ciudadanos españoles
asistimos perplejos ante el trato exquisito que la Justicia les está dando a
esta banda de delincuentes. Que a estas alturas, con las conclusiones sacadas
de las arduas investigaciones llevadas a cabo, que no se hayan tomado ningún
tipo de medidas cautelares es indignante, y demuestra, que el Estado de Derecho
no trata a todo el mundo por igual, que alguien aún piensa, que molestando
demasiado a los Pujol se puede cerrar la posibilidad de un hipotético apoyo
parlamentario con CiU para gobernar España, lo de siempre.
Muchos no entendemos porqué
Luis Bárcenas ha estado tanto tiempo en prisión y, en cambio, los Pujol aún no
la han pisado, dejándoles total libertad para destruir pruebas que de seguro
les incriminarían aún más. No podemos olvidar que hay cinco causas judiciales
abiertas contra miembros de este clan por delito fiscal, blanqueo de capitales
y fraude. Desde luego, la justicia no trata a todos por igual, y si no, que se
lo pregunten a Isabel Pantoja, que al lado de estos, es una hermanita de la
caridad, y que yo sepa, continúa en la trena.
