Los datos que facilitó ayer
la Agencia Tributaria resultan demoledores, pues arrojan luz sobre lo que ha
supuesto la crisis para el mercado laboral y el empobrecimiento generalizado
que ha supuesto para nuestra sociedad.
Antes de la crisis, ser
mileurista era algo peyorativo, ahora puede considerarse un auténtico lujo. El
34% de los asalariados, es decir, casi seis millones de trabajadores, cobran
actualmente el equivalente al salario mínimo interprofesional (SMI), unos nueve
mil euros al año, 645 euros en 14 pagas. Cifras sin duda que asustan. El 86% de
los jóvenes de menos de 18 años que tienen la suerte de tener un empleo son
“seiscientoseuristas”.
En 2013 habían en España
16,7 millones de asalariados, 2,6 millones menos que cuando empezó la crisis,
siendo la media salarial de 18.505 euros anuales (1342 euros mensuales).
Pero aún es más
preocupante, que los expertos, en este caso PricewaterhouseCoopers (PwC), nos
digan que hasta 2033 no se recuperará el nivel de empleo previo a la crisis.
Por todos los datos
anteriores resulta indignante que, tanto la OCDE como el Fondo Monetario
Internacional, sigan recetando a España que profundice en la moderación
salarial.
La crisis y los ocho años
de gobierno de Zapatero (PSOE) arrasaron nuestro país, pero Rajoy llegó
prometiendo que se crearía empleo y se saldría de la crisis, se lo ha jugado
todo a la carta de la economía y sigue sin conseguir ni de cerca, a falta de un
año para las próximas elecciones, los objetivos que se marcó y nos prometió en
campaña.
El futuro se ve muy negro,
este cocktail de paro, precariedad laboral, salarios de hambre, corrupción
generalizada, separatismos y falta absoluta de patriotismo, entendiéndolo como
no mirar por el interés general, sitúan a España en el epicentro de la tormenta
perfecta. Es evidente que todo es aún susceptible de empeorar. Nunca he sido
pesimista, esto es realismo puro.
