Quienes se manifestaron
ayer en Madrid contra el aborto, expresaron toda su cólera contra Mariano Rajoy
y su decisión de aparcar la reforma legislativa que iba a derogar la actual Ley
del Aborto, lo que claramente ha sido un flagrante incumplimiento de una
promesa electoral.
Sería muy simple decir, que
quienes ayer se manifestaron eran los católicos españoles, más bien se debería
ver como que ayer se manifestaron un número importante de votantes
tradicionales del Partido Popular que se están pensando seriamente dejar de
votar a esa opción política, pues quien llama en público “traidor” a quien le
dio su confianza en las últimas elecciones difícilmente volverá a votarlo. Rajoy
con sus incumplimientos y las traiciones a su electorado ha conseguido lo que
parecía imposible, destrozar el suelo electoral de su partido, cabrear a los
incondicionales del PP.
En la pancarta que abría la
manifestación se leía “Cada vida importa. Por la vida, la mujer y la
maternidad”. Debemos recordar que en 2012 se produjeron casi 115.000 abortos.
Voy a mojarme y voy a dar
mi opinión con total libertad, dejando claro previamente que soy católico
aunque con una visión laica de la política.
Nunca entenderé como
alguien que llega al poder, y que tiene o no, unas creencias religiosas
determinadas, lo utiliza para imponer su moral olvidándose de que debe gobernar
para todos, para los que piensan como él y para los que no, para los que le han
votado y para los que no lo han hecho.
La primera medida para
evitar que se produzcan embarazos no deseados es, que la información sobre
métodos anticonceptivos llegue a la población joven y a la menos joven. Según
las encuestas realizadas, la población tiene aún muchas carencias en la
utilización de estos métodos y en la práctica del sexo seguro.
Otra asignatura pendiente
de nuestra sociedad es la de explicar lo que es en realidad provocar un aborto,
ya que en estos últimos años esta práctica se ha banalizado de forma
intencionada desde el poder político, incluso alguna ministra se atrevió a
decir que abortar era equiparable a quitarse una verruga, para así quitarle
importancia al asunto.
Nuestra sociedad no debe
permitir que ninguna mujer aborte por el simple hecho de no tener recursos
económicos para sacar adelante a su hijo, como tampoco que lo haga obligada o
presionada por terceras personas. La administración debe ayudar económicamente
a estas madres para que puedan sacar adelante a sus hijos.
Otra cosa es la mujer que
desde su libertad decide abortar, siendo consciente de lo que hace, sin
condicionamientos de índole económicos ni soportando presiones de ningún tipo.
Para mí, es evidente que se
deben modificar ciertos aspectos de la actual ley para hacerla más razonable.
Soy de los que piensan que
la sociedad debe apostar siempre por la vida, y por lo tanto, la Ley del Aborto
que esté en vigor debe hacerse desde el sentido común, aunque posiblemente, el
hecho de destruir una sola vida humana que se está fraguando nada tenga de
razonable.
El aborto no se puede ni
banalizar ni frivolizar, en sí es una tragedia, no conozco a ninguna mujer que
haya abortado y se haya mostrado indiferente ante ello.
Para terminar, decir que en
un país con un índice de natalidad bajísimo, en donde no está garantizado el
relevo generacional necesario para garantizar, por ejemplo, las pensiones
futuras, es de pura lógica que se deberían crear redes de apoyo a las mujeres
embarazadas, potenciar las adopciones nacionales, promocionar la cultura de la
vida, y sobre todo, ayudar económicamente de forma decidida y clara, tanto a
las madres como a las familias que estén dispuestas a tener hijos. Pues nuestro
actual índice de natalidad y el escasísimo apoyo estatal, es un auténtico
suicidio colectivo a medio plazo.
