Tras destaparse el caso del
presidente de Extremadura, José Antonio Monago, existe un auténtico clamor
popular para que, de una vez por todas, se controlen los viajes de diputados y
senadores, viajes que hasta ahora son totalmente opacos y pagados con dinero
público.
Los parlamentarios,
diputados y senadores, viajan en AVE o avión, con cargo a las Cortes, y nunca
se les ha pedido que justifiquen el motivo del viaje, por ello, desde 1977 y de
forma paulatina, nuestras corruptas señorías se han aprovechado de esa falta de
control de una manera obscena, pagando con dinero público sus desplazamientos
particulares y partidistas.
El presidente del Congreso,
Jesús Posada, me sorprendió ayer cuando declaro, que es muy difícil discernir
entre la actividad parlamentaria, la actividad política y la privada, es
evidente que no está por la labor. Decir que el control lo realicen los propios
grupos parlamentarios es tomarnos el pelo.
Lo triste de todo esto, es
que para modificar el Reglamento de la Cámara hace falta que los parlamentarios
tengan la voluntad necesaria para hacerlo, algo muy difícil, pues es como si se
les encargara a los delincuentes redactar las leyes que se les aplicaran cuando
delincan.
No tengo la menor duda, de
que estamos ante un caso de corrupción, pues llevan casi 40 años desviando dinero
público para pagar actividades de partido y para desplazamientos privados. A
los partidos se les sobrefinancia de forma encubierta, y a nuestros
parlamentarios se les está pagando un sobresueldo, también de forma encubierta
y por el que no tributan.
Estamos ante una prueba
más de que nuestros representantes han conformado una tropa dedicada a la
estafa y al saqueo.
