En España no caben más
tontos por kilómetro cuadrado, la tontuna y el disparate presiden nuestra
triste realidad.
Miguel Arias Cañete es el
único candidato a comisario europeo que cuenta con el voto en contra de la
oposición política de su propio país. Unas torpes palabras de el sobre las
mujeres, por las que pidió en reiteradas ocasiones disculpas, llevadas a la
demagogia extrema por la izquierda española, hacen que el propio Pedro Sánchez prefiera
a un comisario de otro país antes que a uno español del PP, ejercicio sin duda
de sectarismo partidario que perjudica sobremanera los intereses de España,
pues necesitamos más que nunca tener voz en las políticas comunitarias.
Paulino Rivero, presidente
de Canarias, ha tenido una ocurrencia que sonroja bastante, pretende consultar
a su ciudadanía, sometiéndola más a un insulto que a una pregunta, pretende que
los canarios decidan entre el turismo y el petróleo, dando a entender la
tontería de que son incompatibles. Y lo quiere hacer con una pregunta engañosa
que muestra a todas luces su desprecio hacia la inteligencia de los ciudadanos.
En una comunidad con una tasa de paro bestial, no puede aponerse alegando
infundados riesgos medioambientales a un proyecto que daría miles de puestos de
trabajo, y que si no lo hacemos nosotros, a medio plazo lo hará Marruecos a
pocos kilómetros.
El Senado, según contemplan
sus presupuestos, se abona a la traducción simultánea. Algo que nos costará
330.000 euros. En una Cámara en la que todos entienden el idioma español, se
tira el dinero para contentar a los nacionalistas de turno. Debemos recordar
que el Partido Popular, cuando estaba en la oposición, se oponía a ello, ahora
que cuenta con mayoría traga.
Estas situaciones no
ocurren en ningún país serio del mundo, aquí por lo visto, privan más los
intereses aldeanos que los nacionales.
