En noviembre de 2012, el
Gobierno aprobó mediante decreto ley una moratoria de dos años de los
desahucios, en apenas tres meses la moratoria acaba y sería conveniente prorrogarla.
Aunque nuestros gobernantes
nos cuentan, día sí y el otro también, que la situación económica de nuestro
país está mejorando gracias “a su buen hacer”, lo cierto es, que esa supuesta
mejoría que posiblemente pueda notarse en eso que llaman “la gran economía”, a
los ciudadanos de a píe tardará bastante en llegarnos, si nos llega, y sobre
todo, a notarse con claridad. Por ello se hace imprescindible, que hasta que
esto ocurra, se amplíe la vigencia de la moratoria de las ejecuciones
hipotecarias.
Soy de los que pienso, que
hay que proteger a los deudores hipotecarios de buena fe en situación de
insolvencia sobrevenida, y que la aprobación, en su día, de este decreto ley
hacía justicia con estos ciudadanos.
Cuando pasen los años, las
imágenes que probablemente guardemos en nuestra memoria de esta crisis serán
posiblemente las de esas familias que se negaban a abandonar su casa y que eran
desalojadas por la fuerza, dando igual que esa vivienda estuviera habitada por
niños, ancianos o discapacitados, la orden judicial se llevaba a efecto en
medio de desgarradoras escenas.
Somos el país que tiene más
leyes y el país donde menos se cumplen, pero también somos el país donde las
leyes se imponen a los débiles y no ocurre lo mismo con los poderosos. Por
ello, entiendo, que no es conveniente alimentar la hoguera de la indignación
ciudadana con noticias e imágenes que exacerben los sentimientos antisistema.
Para mí, llamar “antisistema”
a alguien no es insultarlo, pues comparto con el que vivimos en un sistema
injusto, lo que sucede, es que mientras ellos pretender acabar con el sistema
actual y sustituirlo por no se sabe que, soy de los que piensan que el sistema
tiene arreglo desde dentro, que cuando algo se estropea, no se tira, se
arregla. Y esto tiene arreglo.
