La Universidad Jiao Tong de
Shangái ha hecho público un estudio internacional sobre la calidad de la
educación, en dicho estudio se ponen de manifiesto las insuficiencias de
nuestro sistema educativo.
Un solo centro
universitario español, la Universidad de Barcelona, se encuentra entre los
doscientos mejores del mundo, y once más entre los quinientos. Teniendo en
cuenta que en España existen 82 universidades, 50 públicas y 32 privadas,
empezamos a entender con claridad que el problema nada tiene que ver con la
titularidad de la gestión de los centros.
La universidad española
arrastra desde hace décadas unas carencias estructurales a las que ningún
gobierno se ha atrevido a plantar cara. Es indignante, que no seamos capaces de
conseguir un gran pacto de Estado que sea capaz de colocar a la educación al
margen de las luchas partidistas y saque a los alumnos españoles del furgón de
cola de los menos preparados de la comunidad educativa internacional.
Mientras los departamentos
universitarios se continúen nutriendo, no con los mejores cualificados, sino
con los candidatos preferidos por los titulares. La endogamia lastrará nuestro
sistema por su relación directa entre la baja productividad del centro y, su
grado de endogamia y de movilidad laboral.
En otros países, la
financiación de una universidad está vinculada a los resultados obtenidos, se
prima la eficiencia y se castiga a los que no la logran, así promueven la
competitividad en toda la comunidad universitaria.
Nuestra educación padece un
erróneo concepto del igualitarismo que se convierte en la nivelación a la baja
para evitar discriminaciones. La promoción automática de alumnos que obtienen
títulos sin haber superado los cursos completos, es indudable que es una pesada
herencia que lastra su futuro en la universidad.
Tanto el PP como el PSOE intentan
legislar para que nuestros centros educativos fabriquen a sus futuros votantes,
y así nos va, las leyes cambian pero no los resultados negativos.
