El Gobierno ha tomado la
decisión de repatriar al sacerdote español Miguel Pajares a petición de su
orden religiosa, la de San Juan de Dios, enfermo de ébola y recluido en
cuarentena en una casa adjunta al hospital de Monrovia de la capital liberiana.
Representantes de los ministerios competentes han decidido que lo mejor era
intentar tratar a Pajares en un hospital español.
Estamos hablando de una
persona que ha puesto su vida en peligro para ayudar a los demás, de un
auténtico héroe que lleva trabajando en África 54 años. Por ello su
repatriación debe realizarse.
El problema reside en que
Pajares no es el único que debe ser repatriado y nuestro Gobierno no ha dicho
absolutamente nada de repatriar a las monjas que le acompañan, dos de ellas también
infectadas, ciudadanas con pasaporte español aunque de raza negra.
Ayer escuchamos vía
telefónica las suplicas de una de ellas pidiendo auxilio y no es para menos. Todas
ellas se encuentran en cuarentena, confinadas y atrapadas junto a un recinto hospitalario
en donde muchos de sus médicos han huido literalmente ante la posibilidad de
contagiarse, no hay ni personal ni medios.
Si nuestro Gobierno no las
trae a ellas también, y las abandona a su suerte, a la muerte, desde mi punto
de vista habrá cometido un crimen por denegación de auxilio. O todos o ninguno.
Aunque yo apuesto por todos.
