Arriola decía, que los de
Podemos eran un grupo de frikis, pero la encuesta del CIS dice todo lo
contrario, Pablo Iglesias y los que le siguen, se han convertido en todo un
fenómeno social y político que a modo de tsunami puede cambiar en tiempo record
la política española.
El CIS le otorga a Podemos
una intención de voto del 15.3%, es decir, siete puntos más que a IU,
convirtiéndose con claridad en la tercera fuerza política del país, e incluso
lleva camino de poder superar al PSOE antes de las municipales y autonómicas de
2015.
Podemos no es solo la
opción que arrasa entre los jóvenes, también lo es entre los votantes de hasta
54 años. Lo que empezó a fraguarse el 25-M, ahora se consolida de la mano de un
movimiento que claramente ha llegado para quedarse en la política española.
Los responsables del
fulgurante ascenso de Podemos son los viejos partidos, esa partitocracia que se
ha cargado los valores del sistema. Con cada escándalo de corrupción ganan
adeptos, con cada injusticia social ganan adeptos, con cada chulería de “la
casta” ganan adeptos, cada vez que el poder financiero estafa a los
consumidores ganan adeptos, cada vez que se produce un desahucio ganan adeptos.
Es evidente que tienen el apoyo de los ciudadanos descontentos e indignados con
una realidad terrible que les cierra todas las puertas. Estamos ante un voto
claramente antisistema, pues se trata de que si yo no tengo futuro hago que
esto reviente.
Puedo entender que en una
sociedad en la que te preparas, obtienes un título, y no puedes trabajar o si
lo haces es en condiciones de semiesclavitud, esto pueda ocurrir.
Podemos, al fin y al cabo,
es un adoquín lanzado sobre el escaparate de una sociedad diseñada para que
unos pocos vivan del resto, una sociedad gobernada por un bipartidismo sin
valores. El cristal se puede romper en mil pedazos.
