Los inocentes
contemporáneos les pedían que se reuniesen y ambos no tuvieron ningún problema
en hacerlo, de hecho, los dos pensaban que su sola asistencia les beneficiaba
al parecer ante la opinión pública como personas dialogantes, y lo consumaron,
escenificaron un encuentro que no ha servido para nada, tanto Rajoy como Mas se
mantuvieron en sus posiciones.
Todos sabemos que no puede
haber ningún diálogo mientras Mas no retire el órdago al Estado que supone el
desafío independentista. Rajoy sigue diciendo eso de que “es ilegal y por lo
tanto no se puede celebrar” aunque jamás nos ha contado como pretende impedirlo
si Mas consuma su amenaza y ese día se dispone a hacerlo.
Por su parte, Mas nos desconcertó
cuando afirmó que “estamos decididos a sacar adelante la consulta dentro de los
marcos legales que haya en el futuro y, a ser posible, de acuerdo con el Estado”,
pues es evidente que en tres meses no se va a producir un cambio legal ni va a
haber acuerdo con el Estado.
Mas sabe, que con la ley en
la mano, cualquier decisión sobre el futuro de Cataluña tiene que ser tomada
por todos los españoles, porque esa es la legalidad vigente.
Mas amenazó con una
movilización espectacular el 11 de septiembre a modo de respaldo popular a la
consulta, olvida que la voluntad popular está representada en el Parlamento, y
que los movimientos de masas por parte de un gobernante solo demuestran su
debilidad.
También Mas se sacó de la
chistera un documento con 23 propuestas sobre financiación, infraestructuras,
política lingüística y unidad de mercado, confío en que Rajoy no trate de apaciguarlo
dándole contraprestaciones y perjudicando al resto de CCAA aumentando las
desigualdades.
Lo cierto es que Mas ha
entrado en un camino sin retorno, está perdido y va a perder a Cataluña, su
partido se desploma electoralmente, ERC se frota las manos al verse como
partido más votado, y Rajoy tiembla pensando en que por una vez lo mismo tiene
que tomar decisiones valientes e incompatibles con su habitual cobardía.
