El BBVA se ha quedado con
Catalunya Banc y pronto finalizará el proceso del llamado “rescate bancario”.
En este criticado proceso, el Estado habrá perdido 40.000 millones de euros, se
habrán perdido casi 60.000 empleos y se habrán cerrado el 25% de las sucursales
bancarias del país.
Si para los indignados
ciudadanos, Blesa representaba el compendio de las malas y delictivas prácticas
llevadas a cabo por el sector, de la arrogancia y de la incompetencia, no
podemos ni debemos olvidarnos de otro personaje digno de ser repudiado por la
ciudadanía, me refiero a Narcís Serra.
Narcís Serra, un personaje
que lideró y arruinó Caixa Catalunya, dejando un agujero de casi 12.000
millones de euros. Este socialista, fue vicepresidente del Gobierno, ministro y diputado
nacional desde 1986 hasta 2004, realizó una gestión ruinosa y se rodeó de un
equipo que llevó a la quiebra a su entidad aprovechando el boom inmobiliario
para financiar a promotores amiguetes poco solventes, y después, utilizó el
truco de dedicarse a la emisión de preferentes y estafar así a miles de
familias. Serra está imputado por administración desleal y su principal afición
era utilizar los consejos de administración de su entidad para subirse el
sueldo, él y sus colaboradores, incluso en plena crisis y cuando empezaba a ser
rescatada su caja con el dinero de los contribuyentes.
Pero este miembro de “la
casta” sigue viviendo, como se dice por mi barrio “de puta madre” gracias a
seguir enchufado en el directorio de Telefónica Chile, en donde por reunirse
tres días al mes cobra 70.000 euros al año. Ahora se encuentra pasando unas plácidas
vacaciones en las Islas Baleares, navegando en su embarcación y gastándose
parte de lo que nos quitó. No
podemos olvidar, que este impresentable perteneció a varios consejos de
administración de grandes compañías, como Gas Natural.
Es indignante que no exista
ningún resorte legal, para que sean embargados los bienes de individuos tan
dañinos para la sociedad, como Serra o Blesa, esta indefensión social ante
semejantes desalmados crea demasiada alarma en una sociedad donde muchos de sus
miembros ni siquiera pueden cubrir las necesidades básicas de sus familias.
