La
presidenta andaluza, Susana Díaz, ha protagonizado un bochornoso
esperpento difícilmente superable. En muy pocas horas, ha pasado de
castigar a su socio de gobierno por las ilegalidades cometidas, a dar
marcha atrás.
Si
su primera decisión fue aplaudida por la inmensa mayoría de los
andaluces, su cambio de postura deja en evidencia que le han temblado
las piernas ante el ordago planteado por su socio de gobierno,
Izquierda Unida.
Una
presidenta de comunidad autónoma no puede retirarle una competencia
a una consejera motivándolo con razonamientos contundentes y
contando con el apoyo de la ciudadanía andaluza, y a las pocas
horas, devolverle las competencias de nuevo ante la amenaza de IU de
romper el pacto de gobierno.
Hace
escasas horas, Susana dijo, “Las viviendas sociales no son para
quien levanta mas la voz”, “Tengo a 12.000 familias en Sevilla y
otros miles en el resto de Andalucía esperando una vivienda, que no
pueden ver que tienen mas derecho los que ocupan una vivienda que
quienes esperan pacientemente una lista, por muy mal que lo estén
pasando”, “Tengo la obligación de ser presidenta de todos los
andaluces y garantizar la igualdad de todos. Quiero que lo entendáis:
voy a defender siempre la igualdad de oportunidades para que reciba
una vivienda quien mas lo necesite y no quien la ocupe ilegalmente,
porque eso no puede ser”.
Pues
bien, para Susana, todo esto que acababa de decir ya no vale. Ante la
suspensión del pacto de gobierno anunciada por Izquierda Unida ha
reculado y le ha devuelto la competencia a la consejera de vivienda.
Para ella, por lo visto, no existen los principios, su único
objetivo es mantenerse en el poder y no gobernar en minoría. Veremos
hasta que punto el ridículo que ha hecho le pasa factura en las
próximas autonómicas.
IU
ha jugado sus cartas, y gracias a la debilidad de Susana les ha
salido bien y han visto como salen muy reforzados de cara a su
influencia en los movimientos radicales y antisistema.
