Cada
día que pasa siento mas admiración por Consuelo Ordóñez, tanto
ella como sus compañeros de Covite tuvieron la valentía de
presentarse en la Casa de la Cultura de Alsasua, lugar donde ETA
protagonizaba su último show propagandístico, para pedirles que
condenen el terrorismo y aclaren los cerca de 400 asesinatos que
permanecen sin esclarecerse.
La
decisión de Covite de plantar cara a los terroristas, puede suponer
el pistoletazo de salida a la rebelión de las víctimas, algo que
sin duda sería un serio obstáculo para la actual estrategia de ETA
encaminada a conseguir el máximo de beneficios para sus presos.
Solo
con ver la reacción de la izquierda abertzale, nos damos cuenta del
daño que ha hecho Covite con su acción al mundo etarra, incluso se
han atrevido varias dirigentes proetarras a acusar a Covite de querer
evitar que “el proceso de paz” pueda avanzar en el País Vasco.
No
podemos olvidar, que los partidos proetarras pretenden el
acercamiento de los asesinos a las cárceles vascas “sin excusas,
sin contrapartidas y sin condiciones”, ya que según ellos, eso es
lo que quiere la mayoría de la sociedad vasca. Es evidente, que para
ellos, finalizar con la política penitenciaria de dispersión es
algo prioritario.
Aquí
lo que se pretende es que se premie a los asesinos sin desvincularse
de ETA y sin asumir el daño causado como paso previo, algo
inconcebible.
Las
marcas blancas de ETA son partidos políticos legales, están en las
instituciones, gobiernan y manejan grandes presupuestos, esto ha sido
posible gracias a la iniciativa del PSOE y al incumplimiento de las
promesas electorales del PP, si encima le dan a los presos etarras lo
que piden, ETA no habrá ganado muchas batallas como hasta ahora, ETA
habrá ganado “la guerra”.
Lo
último que le faltaba a nuestro degradado sistema es renunciar a la
Memoria, a la Dignidad y a la Justicia que reclaman las víctimas.