Lo
que está ocurriendo estos días en Melilla con la inmigración
ilegal, demuestra que al ser un fenómeno global, es imprescindible
que los países europeos estén coordinados y se vaya a corto plazo
hacia una política única y común de la Unión Europea en esa
materia.
Nadie
duda de que lo que está ocurriendo actualmente en Melilla es fruto
del hambre, de la desesperación y del negocio de las mafias, por
ello sería imprescindible, que mientras no exista esa lógica
política europea común, los partidos políticos españoles
consensuaran que hay que hacer en nuestras fronteras ante este
fenómeno, en vez de recurrir a la demagogia barata y a los cálculos
electorales.
A
todos nos entristece observar la tragedia que sufren buena parte de
los habitantes del continente africano, pero no nos equivoquemos, la
solución no pasa por dejarlos a todos venir, la solución es que los
países “ricos” ayuden para crear en los países africanos
sociedades que permitan vivir dignamente a sus habitantes.
Tras
las últimas críticas recibidas por nuestro gobierno sobre como ha
actuado la Guardia Civil ante la avalancha que acabó con varios
inmigrantes muertos en Melilla, el gobierno ha reaccionado relajando
la oposición de nuestros agentes con un resultado previsible, las
avalanchas humanas se suceden ante el efecto llamada percibido en el
norte de África.
Las
últimas órdenes del Ministerio del Interior suponen abandonar a su
suerte a los agentes de la Guardia Civil, quienes quedan como meros
espectadores al no tener margen de actuación.
Una
cosa es restringir el uso de cierto material antidisturbios para
evitar males mayores en situaciones extremas, y otra, tomar
decisiones a golpe de telediario en un problema que atañe a toda
Europa, pues no olvidemos que hay libre circulación de personas en
la UE.
Da
la impresión de que Rajoy piensa, que cada video que aparece en un
informativo donde aparece un inmigrante herido en nuestra frontera le
quita votos. Si a eso unimos las inaceptables declaraciones de la
comisaria europea acusando a la Guardia Civil de actuar de forma
reprobable imputándoles un delito de homicidio involuntario, parece
que a nuestro presidente le empiezan a temblar las piernas en este
asunto.
Aunque
hay otra solución, los dejamos pasar, los atendemos para que se
repongan, y a continuación los montamos en un autobús y los
llevamos a Bruselas, a lo mejor así la UE se decide a tomar cartas
en el asunto.