Podemos
decir, que los que teóricamente tratan de proteger a la Infanta
Cristina, entre ellos, el Gobierno, lo están haciendo fatal. Lo del
PP no se sostiene, ellos dicen mantenerse en una posición de
neutralidad y de respeto a las instituciones. Siempre pensé que la
derecha española era pro monárquica, por lo visto sus complejos les
ha hecho también abandonar esa trinchera. Y entonces yo me pregunto
¿que fuerza política defiende en la actualidad a la Monarquía?
Si
la Agencia Tributaria sigue sosteniendo que Doña Cristina vendió
fincas, entre 2005 y 2006, por valor de 1,4 millones y la Casa Real
lo niega, creo que alguien debería aclararlo.
En
este asunto están implicadas varias instituciones, la Agencia
Tributaria, la Casa Real y la Administración de Justicia. Cabe la
posibilidad de que estemos ante un grave error de Hacienda, un error
de quienes le facilitaron los datos, una artimaña para viciar la
investigación, o sencillamente, arquitectura económica del clan de
Iñaki para justificar ingresos injustificables.
Lo
cierto es, que la Infanta Cristina niega tajantemente la venta de las
fincas, por ello, el juez Castro, que es el que tiene en su poder el
informe de los inspectores de la Delegación de Cataluña de la
Agencia Tributaria, debería tomar alguna decisión, pues los
distintos partidos parlamentarios están tomando iniciativas para
intentar que se aclare el asunto.
En
el caso Nóos o caso Urdangarin, hemos llegado a un punto en el que
si el Gobierno opta de nuevo por poner a toda la maquinaria del
Estado al servicio de la Infanta, en vez de beneficiarla la
perjudica, hemos llegado a un punto en que todo lo que no sea que
resplandezca la verdad, es rechazado por la ciudadanía.
Tengo
la sensación de que estamos ante una maniobra del marido de Doña
Cristina para justificar entradas de dinero injustificadas, aunque
con ello se arriesgara a la posibilidad de comprometer a su esposa.
Sigo pensando que Iñaki Urdangarin no ha tenido escrúpulos de
ningún tipo a la hora de enriquecerse, ni a la hora de utilizar a su
esposa. Se creía impune y nunca pensó en las posibles consecuencias
que podría sufrir su esposa.