Está
en las páginas de los periódicos, la Fiscalía lleva tiempo
investigando al líder del PP de Orense, José Luís Baltar, por los
115 contratos que realizó la Diputación de Orense en 2010, días
antes de que este cacique decidiera que su hijo le sucediera en el
poder del partido y también heredara la Administración provincial.

No
creo que haya nadie capaz de encontrar diferencias entre el
comportamiento del cacique popular Baltar, con el del cacique
socialista canario Curbelo o con lo que hacía el cacique socialista
andaluz Zarrias antes de salir “por patas” de Andalucía.

Lo
de Baltar ha trascendido gracias a una denuncia que el PSOE gallego
presentó ante la Fiscalía en el año 2010 y que ha desembocado en
una querella contra el cacique. La querella se basa en la ausencia de
“ publicidad en distintas ofertas de empleo público que impedirían
la libre concurrencia a los procesos selectivos, vulnerándose los
principios de igualdad, mérito y capacidad”. Vamos, como siempre
“visten la muñeca” los políticos corruptos para camuflar este
tipo de enchufes.

Los
hechos que se conocen, están tipificados en el Código Penal como
delito de prevaricación, aunque también hay indicios de cohecho ya
que se sospecha que en algún caso hubo dádivas. También podrían
darse supuestos de falsedad, al estar incorporados informes técnicos
a las convocatorias para revestir a las plazas convocadas de una
apariencia de legalidad.

Pero
resulta que como José Luís Baltar dimitió y el Código Penal
establece para estos casos penas de seis a diez años de
inhabilitación, si se demuestran todos los hechos como parece, este
delincuente quedará impune. Como vemos, los políticos hacen leyes
que siempre les benefician cuando optan por ejercer el extendido arte
de la mangancia. Ademas, el propio Baltar lo ha declarado con cierta
chulería, “ya me inhabilité yo cuando me marché”.

No
hace falta decir que los socialistas han dicho la famosa frase de
“estamos ante la punta del iceberg de un gran entramado de
corrupción”, frase que posiblemente sea cierta, pero que demuestra
una vez mas que los partidos siempre ven la paja en el ojo ajeno y
nunca la viga en el propio.

Baltar
ha sido durante dos décadas el gran cacique del PP gallego y también
de la sociedad gallega en su modalidad mas arcaica, pero eso sí, sus
formas han recibido siempre la aceptación y el beneplácito, y diría
yo que hasta el aplauso de la Galicia rural. Repartir favores,
prebendas y contratos, le ha servido para ganar elecciones y
mantenerse en el poder, eso sí, gracias a un campo gallego al que le
falta aún mucho para incorporarse al siglo XXI.

No
se puede permitir, que en la España de 2013 nuestros políticos
sigan comportándose de esta manera, lo sigue haciendo la derecha y
la izquierda, ya va siendo hora de que se erradiquen estos
comportamientos delictivos y obscenos, esto demuestra que la
regeneración democrática de nuestra sociedad es paso imprescindible
para llegar a una democracia real.

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