Hace apenas cuatro días, escribí aquí en el blog un artículo titulado “España le para los pies a Argentina”. Mucho han cambiado las cosas en tan poco tiempo, yo personalmente, al conocer las contundentes declaraciones de nuestro gobierno ante los rumores de que Argentina expropiase Repsol YPF, y también, al conocer las manifestaciones que hacían responsables de la Unión Europea y EEUU, pensé que la “bucanera” Cristina no se atrevería a llevar a efecto su amenaza, y sin embargo, la ha cumplido.
Aunque teóricamente la UE nos apoya, he escuchado ya, que en Bruselas alguien ha manifestado que es un asunto bilateral, y por otra parte, la señora Clinton en sus declaraciones no ha sido nada dura con Argentina. O han engañado a nuestro gobierno sus aliados en este asunto, o ha sido nuestro gobierno quien nos mintió a nosotros.
Ahora a nuestro gobierno se le plantea un difícil dilema, si actúa con contundencia contra las exportaciones argentinas a España y trabaja para que la UE haga lo mismo, o contra las propiedades y depósitos argentinos en nuestro país, las innumerables empresas españoles que se han instalado en Argentina y tienen allí intereses e inversiones lo tendrían crudo.
Si se limita a acudir, al Tribunal de Mediación de La Haya, donde se dirimen este tipo de conflictos, el asunto se eternizará y aunque el gobierno argentino sea condenado a pagar, Argentina nunca lo hará, debemos saber que Argentina es uno de los países con más denuncias en ese tribunal y nunca pagó, por eso digo que lo tenemos crudo.
Posiblemente, lo que haya llevado a tomar esta decisión al gobierno argentino sea, el querer controlar el descomunal yacimiento de hidrocarburos descubierto por YPF el pasado año, uno de los mayores yacimientos de crudo del planeta, la reserva de Vaca Muerta.
Lo que sucede, es que Argentina, parece ser que no tiene la capacidad de gestionar por si misma el yacimiento por las inversiones a realizar, por lo que no debería extrañarnos ver como en poco tiempo uno de nuestros teóricamente aliados entra en el yacimiento de la mano de Cristina Fernández.
Ahora vivimos las consecuencias de los errores del pasado. Felipe González y el difunto marido de doña Cristina, otro salteador de caminos, llegaron a un acuerdo que obligó a deslocalizar inversiones en Asía para llevarlas a Argentina. Craso error el de nuestro entonces presidente.
Cuando aprenderemos que no se puede ser ni amigo ni aliado de países que no respetan escrupulosamente la legalidad internacional, que no se puede invertir en países en los que no hay seguridad jurídica. Que inviertan allí nuestras empresas es un suicidio y se ha demostrado de nuevo.
En la decisión de Argentina también ha debido de influir la triste situación por la que atraviesa nuestra economía, nuestra actual gran debilidad, y es que “a perro flaco, todo son pulgas”.