Estaréis de acuerdo conmigo en que todos los ciudadanos que nos interesamos por la política tenemos nuestras propias ideas, unas ideas, que según nuestro entender, si las aplicáramos contribuirían a un mejor funcionamiento de la sociedad y por lo tanto a un mayor bienestar de los ciudadanos.
Reconozcamos que aunque para nosotros nuestras ideas siempre nos parecen las mejores, cabe la posibilidad de que estemos equivocados y siempre deberíamos estar abiertos a que se nos convenciera de nuestro error. Por ello es muy peligroso creernos en posesión de la verdad absoluta, ya que pensando así, uno intentaría imponer sus ideas a los demás.
Las ideas son buenas o malas en sí mismas, sin depender de quién sea el que las formule. Este pienso que debería ser el principal precepto de un demócrata.
Pues bien, todo esto empezó a venirse abajo cuando empezaron a aparecer las ideologías y los partidos políticos que las defienden a ultranza.
Muchos partidos políticos siguen defendiendo unas ideologías que ya han fracaso en numerosas ocasiones cuando se han puesto en practica y se han quedado obsoletas con el paso del tiempo, y sin embargo, estos partidos son desde el punto de vista de las ideas totalmente inmovilistas.
Las ideologías perjudican enormemente en lo referente a las relaciones entre las personas. Cuando te presentan a alguien y tu te enteras que es de tal partido, tú automáticamente le pones una etiqueta, y en muchas ocasiones, esto hace que tu relación con esa persona sea mas de simpatía o antipatía. Hasta ese punto hemos llegado.
Yo particularmente, estoy seguro de que en nuestra sociedad no hay dos individuos que piensen igual, y por lo tanto, esa uniformidad de ideas que intentan imponer los partidos políticos es antinatural.
Hemos llegado al absurdo, de que cuando se le pregunta a un miembro e a pié de un partido, que piensa sobre algo, en vez de pensar por sí mismo y opinar, se remite a la postura oficial del partido, es decir, renuncia a su capacidad de discernir. Lamentable.
Todos hemos podido observar en cualquier institución que cuando los representantes electos de los ciudadanos ejercen su voto sobre cualquier asunto, se impone lo que llaman “disciplina de voto”, es decir, lo que obliga a muchos a votar a veces hasta contra su propia conciencia cuando se trata de temas de índole moral.
Todos sabemos que en la política actual, si el partido de gobierno presenta una propuesta, por lo general, la oposición siempre se opone, igualmente ocurre al contrario. Parece como si lo importante sea quien ha pintado el cuadro y no el cuadro en sí mismo, si nos gusta o no nos gusta.
Por todo esto, he puesto la frase que encabeza este blog.
En política y en nuestra convivencia diaria, debemos siempre tratar de darle mucha más importancia a las ideas que tenemos en común, y que por lo tanto son motivo de unión, que a las que nos hacen discrepar, y que por lo tanto nos separan.
En una democracia son imprescindibles los partidos políticos, pero en el siglo XXI se les debe exigir a esos partidos mucha mas flexibilidad a la hora de dar libertad de voto a sus electos, así como, a dejar de entender la política como un choque de trenes o ideologías.
Los electos deben depender más de los ciudadanos que les han votado que de su propio partido, y vosotros diréis que ¿como se consigue eso?, pues sencillamente “implantando listas abiertas” en las elecciones. Que los ciudadanos no se vean obligados a votar listas cerrados donde por intereses inconfesables los partidos colocan a personajes que los ciudadanos nunca votarían por propia iniciativa.
Al final, lo que yo propongo se traduciría en un sistema que seguiría siendo representativo, pero mucho más participativo y cercano al ciudadano.
Os pido que lo intentéis, pensad por sí mismos y lo mismo llegáis a la conclusión que yo he llegado, prefiero tener ideas propias antes que someterme a la dictadura de una ideología.
Muy interesante tu planteamiento de las ideas y las ideologías.
Logras que pensemos.
Me gusta lo que propones.