Conforme Pablo Casado va respondiendo a los periodistas en las distintas entrevistas que aparecen en los medios, nos damos cuenta de que este hombre no ha aprendido nada de la lección que le dio Isabel Díaz Ayuso en Madrid.
Mientras que Ayuso nunca tuvo una mala palabra hacia Vox, manifestando siempre que les estaba muy agradecida por haberla hecho presidenta, Casado continúa con sus continuos desprecios y ninguneos hacia los de Abascal.
Mientras que Ayuso siempre tuvo claro que su socio natural y más fiable era Vox, Casado insiste en situarse en el centro y manifiesta que está seguro de que recibirá votos de la izquierda moderada desencantada con las políticas y los modos de Sánchez.
Si algo ha quedado meridianamente demostrado, es que Vox tiene acceso a ciudadanos de un perfil al que jamás llegará este PP, de ahí que, pese al gran éxito cosechado por Ayuso, Vox haya mejorado en Madrid. Por otra parte, ha quedado claro que Ayuso ha conseguido detener en bastante medida la enorme hemorragia de votos del PP a Vox de las últimas citas electorales, pero Casado parece no entender que con su actual discurso él va a ser incapaz de repetirlo.
Viendo cual es la estrategia de la actual cúpula popular, mucho me temo que las distancias entre PP y Vox se acortarán bastante, y si lo que se quiere es echar a Sánchez de La Moncloa, ambos estarán obligados a entenderse para disgusto de Casado y su círculo de confianza. No obstante, lo importante no es ocupar el poder, pues hacerlo, para no hacer cambios de calado, es pan para hoy y hambre para mañana.