Por mucho que me afano en encontrar una justificación a la aventura bélica norteamericana en Afganistán, no consigo encontrarla. Un miembro de nuestra División Azul, aquel contingente militar que tras nuestra Guerra Civil marchó junto a las tropas alemanas para perseguir y derrotar al comunismo en su territorio, lo justificó diciéndome que lo habían hecho para “perseguirles hasta sus madrigueras”, una razón muy similar a la dada por EEUU para ocupar Afganistán en su día “perseguir a los terroristas hasta sus guaridas”.
Pero cuando tomas esa decisión, la debes tomar con todas sus consecuencias, pues no puedes implicar a tus aliados y a una parte de la población afgana, para con posterioridad abandonar a toda prisa el país ocupado, sin haber exterminado a los terroristas, regalándoles el territorio, dejándoles tu arsenal bélico, y sobre todo, abandonando a una muerte segura a todo aquel colaborador que no hayas podido evacuar.
Hasta hace muy pocos años, pocos dudaban del liderazgo mundial de los EEUU en todos los aspectos, incluido el bélico, pero desde ahora, desde su huida de Afganistán con el rabo entre las piernas, EEUU deja de ser claramente el referente mundial de la libertad. Y lo ha conseguido su senil presidente, Joe Biden, evidentemente del Partido Demócrata, un dañino progre.
Lo que ha hecho EEUU en un país con un elevadísimo porcentaje de niños y jóvenes, y por supuesto, muchas mujeres, es hacerles probar la libertad durante veinte años, y ahora, abandonarlos y dejarlos a merced de quienes los llevarán de seguro a la Edad de Piedra. No es de extrañar que estén dispuestos a morir en su intento de abandonar ese infierno.
Y por favor, que no nos intenten confundir los humillados para justificar sus vergonzantes negociaciones con los talibanes, el Estado Islámico es igual de terrorista que quienes controlan Afganistán.