Joe Biden, se ha atrevido a decir “que la salida de Afganistán ha sido un éxito extraordinario” ante el estupor generalizado. Este decrépito presidente, que tras lo ocurrido en Afganistán tendría que haber sido apartado de la presidencia por incompetente, se apunta a la estrategia de ese a quien pide ahora amistad, me refiero a nuestro infame presidente Pedro Sánchez. Nunca reconocen sus errores, nunca afrontan sus responsabilidades, y lo principal, solo comparecen para intentar recuperar su maltrecha imagen mediante la mentira.
Que los occidentales abandonen ese país “con el rabo entre las piernas” y de mala manera, dejando atrás un arsenal bélico de primer nivel, ciudadanos norteamericanos y de otros pises occidentales aliados suyos, y civiles afganos que han colaborado con nosotros, es una auténtica catástrofe.
Lo ocurrido en Afganistán es la antesala del declive y de un final nada feliz para el sistema occidental, en definitiva, para la Cristiandad. Occidente lleva ya demasiado tiempo negando y rechazando sus raíces judeocristianas y el papel que desempeña en nuestras vidas la religión, se sea creyente, practicante o ateo. La larga y paciente victoria de los talibanes muestra no solo cómo la religión es la base de una gran estrategia, sino que da fuerza y esperanza. Justo lo que los occidentales hemos perdido del todo. Cuando abandonas los principios y los valores, más morales si cabe, que religiosos, que han inspirado la creación y la trayectoria histórica de tu civilización, estás perdido. Luchar solo para mantener tu nivel de vida, solo para mantener lo material, no es suficiente para vencer a los que luchan por su fe.