En España, los medios de comunicación jamás hablan de los escándalos de corrupción en las instituciones de la Unión Europea, un silencio que empieza a resultar más que sospechoso.
El último escándalo lo destapó el 26 de noviembre un periodista del izquierdista diario francés Libération, y el 10 de diciembre, eurodiputados del grupo ECR, entre ellos, los españoles de Vox, y los no adscritos, formularon esta pregunta a la Comisión: “Una publicación reciente de los medios de comunicación franceses ha informado sobre presuntos conflictos de intereses y tráfico de influencias por parte de jueces del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE), incluido su presidente, el juez Koen Lenaerts, y destacados funcionarios de la UE asociados al Partido Popular Europeo (PPE)”.
Sorprende que un asunto de esta gravedad apenas haya tenido eco en los medios españoles, aunque no es de extrañar si tenemos en cuenta que las principales instituciones europeas están controladas por la coalición formada por el Partido Popular Europeo y los Socialdemócratas Europeos, y medios afines a ambos partidos no deben estar muy interesados en que se conozcan los escándalos que salpican a esas instituciones.
Por otra parte, parece haberse extendido la idea de que el “europeísmo” implica considerar que las instituciones europeas están por encima del bien y del mal, son incorruptibles y no deben ser objeto de crítica, so pena de ser acusado de “euroescéptico” o “antieuropeo”. ¿A cuento de qué no ha juzgarse con el mismo ojo crítico a esas instituciones que a las instituciones nacionales o autonómicas? A fin de cuentas, con frecuencia son los mismos partidos los que dominan unas y otras. ¿Por qué pensar que en Bruselas van a ser más honrados que en Sevilla o en Barcelona?