Don
Juan Carlos ha tomado la decisión adecuada, la abdicación en favor
de su hijo el Príncipe Felipe. Tras protagonizar un reinado
histórico en el que restauró la democracia en nuestro país, nos da
una última muestra de generosidad y de servicio.
Pese
a los errores cometidos, que han sido muchos, los ciudadanos
españoles debemos estar agradecidos a don Juan Carlos por su
dedicación a la Jefatura del Estado, y por dejar la Corona al
Príncipe de Asturias, el príncipe mejor preparado de nuestra
historia, posiblemente uno de los españoles mas formados de su
generación.
La
sucesión forma parte del normal funcionamiento de las instituciones,
todo tal y como está previsto en nuestra Constitución, algo que es
un claro síntoma de fortaleza democrática.
Sería
deseable, que la llegada de don Felipe al trono significara el
pistoletazo de salida para reformar y regenerar España mediante esa
segunda transición ciudadana que muchos anhelamos, y que aporte mas
democracia, mas libertad, mas igualdad, mas solidaridad y mas unión,
y que nos permita tener a las instituciones y a la política al
servicio de los ciudadanos.
El
que abdica, es un personaje clave de la Transición de la Dictadura a
la Democracia, alguien que nos ha proporcionado la mayor etapa de
paz, progreso económico y social, democracia, derechos y libertades
de nuestra historia.
El
Príncipe Felipe está sobradamente capacitado para asumir la enorme
responsabilidad que se le viene encima, de el depende que la Corona
recupere parte del prestigio perdido, convirtiendo a la Monarquía en
una institución totalmente transparente, austera, cercana a la
ciudadanía y completamente dedicada a sus labores de Jefatura del
Estado.
