A
este país en general, y a nuestra Andalucía en particular, ya solo
le faltaba eso, que los colegas de los “chorizos” se dediquen a
acosar y a insultar a la juez que investiga la corrupción en
partidos y sindicatos.
Pues
aquí lo tenemos. Ayer, un centenar de sindicalistas de UGT y CCOO,
con la excusa de ir a apoyar a los compañeros detenidos, se
dedicaron a realizar a la juez Alaya un “escrache” en toda regla,
a meterle presión mediante abucheos e insultos para que deje de
cumplir con su obligación.
Tengo
que reconocer que me sorprendió que las fuerzas de seguridad no
impidieran lo que ocurrió, pues no se puede permitir lo que
protagonizaron ayer los sindicalistas liberados de UGT y CCOO a las
puertas de los Juzgados de Sevilla.
En
cualquier democracia de nuestro entorno sería impensable un episodio
como el que se produjo ayer, pero en un sistema en descomposición
como el nuestro, y a las pruebas me remito, parece que tenemos que
aceptar como normales comportamientos incalificables.
Parece
que no terminan de enterarse, partidos y sindicatos, que cada día
que pasa está mas cerca el fin del régimen de impunidad en el que
se han movido durante décadas.
Por
mucho que griten que la juez Alaya es una inquisidora, y que sus
compañeros son inocentes, gracias a algunos medios de comunicación
la ciudadanía libre, esa que no come de la política ni de la
política sindical, sabe que en el caso de los ERE los sindicalistas
cobraban comisiones.
Si
al caso de los ERE sumamos el caso de las facturas falsas de UGT,
todos nos podemos hacer una idea de en lo que se han convertido los
sindicatos mayoritarios en este país, simples organizaciones
dedicadas a acaparar dinero público, incluso falsificando
documentos, que luego se gastan en actividades distintas a las
estipuladas, y mucho de él acaba en los bolsillos de mucho de los
sin escrúpulos que componen esa legión de vividores.
Los
sindicalistas honestos que aún quedan, están perplejos ante el
espectáculo ofrecido por los que se suponen son sus compañeros.