Nos vamos acercando a las elecciones andaluzas y lo lógico sería hacer un balance objetivo de la situación en la que se encuentra Andalucía tras siete años de gobierno del popular Moreno Bonilla.
En la actualidad, Andalucía continúa arrastrando graves problemas estructurales en ámbitos esenciales como la sanidad, la educación, la dependencia, el empleo, la vivienda, los servicios sociales y las infraestructuras, por lo que es razonable pensar que el Gobierno andaluz no está siendo capaz de ofrecer soluciones reales y efectivas a estas carencias históricas, pese a los recursos disponibles. Por lo tanto, la gestión de los fondos públicos es manifiestamente mejorable. La inmigración ilegal, esa que apoya claramente Moreno Bonilla, nos perjudica a los andaluces por el gasto que provoca y por la presión adicional que ejerce sobre los servicios públicos básicos.
La sanidad pública andaluza sufre un deterioro que aumenta progresivamente conforme pasa el tiempo, largas listas de espera, falta de personal sanitario y una atención primaria cada vez más tensionada. Mala gestión de programas preventivos como los cribados de cáncer de mama, así como deficiencias en el servicio de ambulancias. No solo el PSOE, también el PP, han contribuido a un declive continuado del sistema sanitario, sin ofrecer un modelo alternativo eficaz que garantice la calidad y la accesibilidad del servicio.
En materia laboral y económica, Andalucía es una comunidad marcada por el empleo precario, los salarios bajos y una profunda brecha de riqueza respecto a otras regiones españolas. El problema no radica únicamente en el número de puestos de trabajo disponibles, sino en la calidad de los mismos y en la falta de oportunidades reales para los jóvenes y los profesionales cualificados, muchos de los cuales terminan marchándose por falta de perspectivas. La economía andaluza necesita una profunda transformación estructural basada en la reducción de impuestos, impulsar la iniciativa privada y el aprovechamiento más eficiente de los recursos productivos.
Y si hablamos de vivienda, el acceso a un hogar se está convirtiendo en un reto cada vez más difícil para las familias andaluzas, la escalada de los precios de venta y de los alquileres, así como la falta de eficacia del Gobierno autonómico en la gestión de las partidas presupuestarias destinadas a vivienda pública son clamorosas. Es lamentable que Moreno Bonilla no haya rebajado la presión fiscal, ni facilitado la disponibilidad de suelo urbanizable, ni haya limitado la adquisición de viviendas por parte de capital extranjero que no proceda de la Unión Europea, con el objetivo de favorecer a los residentes locales.
Si hablamos de Dependencia, peor casi imposible, pues Andalucía sigue sin resolver uno de sus principales déficits sociales. Enormes tiempos de espera para la concesión de ayudas y la falta de seguimiento efectivo de las personas dependientes genera una sensación de abandono entre los ciudadanos más vulnerables. Estas deficiencias, se extienden también a los servicios sociales en general, que están sufriendo una falta de atención y de recursos suficiente para cumplir su función de apoyo a las familias y colectivos más necesitados.
La educación está insuficientemente atendida, no se garantiza una enseñanza de calidad que esté libre de “adoctrinamiento ideológico”. En cuanto a inmigración, ausencia de control de las fronteras, lo que provoca un fuerte impacto económico y social, y agrava enormemente la presión sobre sectores como la sanidad, la vivienda y las ayudas sociales.
Moreno Bonilla, desde que es presidente, no ha conseguido que se mejoren las infraestructuras, sobre todo, por los retrasos o parones en proyectos ferroviarios sin conseguir las inversiones necesarias para mejorar la conectividad dentro de la región.
En lo que respecta al campo andaluz, este gobierno andaluz, como el PP hace en Bruselas, no solo no combate, sino que apoya esas políticas que traen la competencia desleal a los que se enfrentan los agricultores locales y no defiende la necesidad de proteger la soberanía alimentaria. No olvidemos que el PP ha apoyado los acuerdos comerciales como el de Mercosur, que perjudican la producción nacional al permitir la entrada de productos agrícolas con estándares distintos y precios más bajos.
Por todo lo expuesto, frente al autobombo y a la falta de crítica del propio Moreno Bonilla y de su gobierno, expresado por nuestro presidente en todas sus declaraciones y discursos con esa sonrisa de autosatisfacción permanente, solo puedo decir, que su gestión solo puedo calificarla de insuficiente. Pero falta hacer otro balance y en ese le daría un muy deficiente, el del seguidismo de las políticas ideológicas socialistas y el haber mantenido en sus puestos a toda esa legión de enchufados que el PSOE introdujo en la administración andaluza durante décadas, incluso haciendo fijo al que no lo estaba, con la clara finalidad de hacer realidad esa falsa creencia de los populares más blanditos de que los votantes del PSOE les van a votar a ellos.
Es el mal menor Se tendrían que unir con Vox, y acabar con toda la podredumbre