Según el informe anual “Análisis
y perspectivas 2016 de la Fundación Foessa de Cáritas”, se constata un aumento
del 9% del riesgo de pobreza desde el inicio de la crisis.
Las cifras de crecimiento
parecen apuntar a la recuperación, sin embargo, esa recuperación no termina de
trasladarse a los hogares.
El empleo precario ha
elevado del 14,2 al 14,8% el porcentaje de trabajadores pobres, y la tasa de
pobreza entre las personas en paro se sitúa en el 44,8%. Un dato escalofriante.
Todo hace prever, que en
los próximos años y a pesar del crecimiento económico, la bolsa de exclusión
social crecerá. Pasar de los actuales 720.000 hogares sin ningún ingreso a los
497.200 de 2009 requeriría siete años. Desde 2012, la cifra de hogares
españoles que no percibe ningún ingreso no ha bajado de 700.000.
En periodos de recesión
económica la pobreza aumenta a ritmo vertiginoso, y en las fases de
crecimiento, ésta apenas descienda o incluso se mantenga estancada, ahondándose la brecha de la desigualdad, pues
aunque las grandes corporaciones vuelven a obtener pingües beneficios,
mantienen todo lo que pueden el paupérrimo nivel salarial de sus empleados.
Resulta inmoral hacer públicos grandes beneficios y mantener a los trabajadores
con salarios casi “de hambre”.
La crisis ha ahondado las
diferencias entre norte y sur, colocando a Andalucía, Extremadura, Comunidad
Valenciana, Canarias y Baleares en peor situación, con mayores niveles de
pobreza, desigualdad y desempleo, frente a las mejores posicionadas (Cantabria,
País Vasco, Navarra, La Rioja y Aragón). No obstante, el riesgo de pobreza
aumenta en todas las regiones, y, desde 2009 y a pesar de esa recuperación, en
ninguna comunidad autónoma han descendido los hogares con todos sus miembros en
paro.
Los ingresos de los hogares
han caído «espectacularmente» un 10% desde el inicio de la crisis, la
desigualdad ha aumentado y las rentas medias han caído, lo que ha provocado el
hundimiento de las rentas más bajas. Andalucía, Castilla-La Mancha y Asturias
son las comunidades donde la población con menos recursos se ha empobrecido aún
más, y sólo en Galicia y Aragón ha aumentado la renta de los más ricos.
Es cierto, que la política
de recortes ha funcionado para contener el déficit, pero también es cierto, que
ha perjudicado a las capas más desfavorecidas.
Esta realidad tan cruda no
es afrontada por los partidos políticos, ni siquiera a menos de un mes de unas
elecciones generales, en vez de lanzar slogans con los que nos quieren engañar,
por qué no idean un plan consensuado para socorrer a esta famélica legión de
españoles, víctimas sin duda, de su mala gestión.
