La alcaldesa de Madrid,
Manuela Carmena, hizo ayer unas declaraciones, desde mi punto de vista, muy
graves, en las que trataba de justificar a los okupas, afirmando que “la
utilización de edificios en desuso no es una ocupación como tal”.
Y digo que son palabras muy
graves, porque una autoridad pública no puede atentar contra un derecho
fundamental como es el de la propiedad privada.
Lo que diferencia una
sociedad occidental y democrática, de otra comunista, es principalmente el
derecho a la propiedad privada. Factor, entre otros, determinante del fracaso
del comunismo, pues si esforzándome poseo lo mismo que el que no lo hace, nadie
se esfuerza. Y lo dice alguien que cree en la igualdad, igualdad de
oportunidades, pero solo de partida.
Si una persona se forma,
trabaja, se esfuerza, y consigue ahorrar, algo cada vez más difícil en estos
tiempos en los que nos ha tocado vivir, ese dinero ahorrado, habitualmente lo
dedica a adquirir un bien, y ese bien en este país casi siempre ha sido uno o
varios inmuebles, que han constituido su patrimonio.
Es cierto que en nuestra
Constitución se reconoce el derecho a una vivienda, un derecho que tiene mucho
de utópico y plasmado con una alta dosis de buenismo. Ojalá se pudiera
conseguir.
La solución no es la ilegal
okupación, la solución es que las diferentes administraciones sean capaces de
tener un parque suficiente de viviendas sociales para atender a quienes carecen
de medios para comprarse o alquilar una.
Lo que no se puede permitir,
es que mientras uno de tus hijos se esfuerza, es un buen estudiante, y consigue
su objetivo de obtener un aceptable empleo que le permite adquirir una
vivienda, mientras que su hermano se dedica a vaguear, y a “vivir la vida”,
luego ese golfo, que no ha dado un palo al agua en su puñetera vida, se integre
en un movimiento “okupa” y pretenda ocupar la vivienda de alguien como su
hermano.
Con esto no estoy diciendo,
que ese golfo no tenga derecho a nada, evidentemente tiene que estar amparado y
disfrutar de los servicios esenciales básicos, pero poco más. Ya está bien, de
exigirle cosas a la sociedad cuando, a veces, tú le das tan poco.
