Aznar ha renunciado a la
presidencia de honor del Partido Popular. Quien fue el verdadero creador de ese
partido en 1989 ha tomado esa decisión asqueado por la deriva a la que ha
llevado a su partido Mariano Rajoy, quien por lo visto olvida que él es quien
es gracias a que Aznar lo designó.
A nadie escapa, que Aznar
lleva años discrepando de la deplorable acción política de su sucesor, de ese
supuesto giro al centro realizado por el PP actual que ha conseguido que el
partido carezca de un proyecto claro, pero eso sí, impregnado de gran cobardía.
Aznar, al igual que una
mayoría de españoles, nunca pudo aceptar la falta de contundencia en el
discurso del partido en cuestiones como el terrorismo y el independentismo
catalán, nunca estuvo de acuerdo con la enorme presión fiscal con la que Rajoy
castiga a los españoles, y sobre todo, a las clases medias.
Aznar creó un gran partido
liberal-conservador que representó a esas clases medias, auténtico esqueleto de
nuestra Nación, rebajó el peso del sector público del 60% del PIB a menos del
40%, creó cinco millones de empleos bastante bien pagados, no como ahora, y en
solo dos años consiguió el equilibrio presupuestario necesario para entrar en
el euro, su éxito económico consiguió que la UE nos ayudara a crear una moderna
red de infraestructuras. Recordemos que bajo su mandato, bajó tres veces el
IRPF.
Frente al bagaje de Aznar ¿Qué
ha hecho Rajoy? En materia de terrorismo, seguidismo vergonzante de las
políticas de Zapatero, en relación a los
independentistas catalanes, cobardía absoluta e incapacidad para hacer cumplir
la ley, y en materia fiscal, subir los impuestos hasta llevarlos al ámbito de
lo casi confiscatorio.
Un partido político debe
representar unas ideas determinadas y contraer con los ciudadanos el compromiso
de defenderlas, tanto si gobierna como si no. El Partido Popular, hoy en día,
no es eso, es simplemente un colectivo de intereses, y muchos de sus miembros
desprenden con su comportamiento un tufillo a mafia, pues tienen muy claro, que
son políticos profesionales que aspiran a vivir siempre de la política, es
decir, de nosotros, y que si pierden el poder se les acabó el chollo.
Lo que antes he dicho, les sucede
también a los oportunistas de Rivera y a esos socialistas que están enfrascados
en su guerra civil particular. Todos ellos sin proyecto nítido, pero que
coinciden en querer seguir chupando del bote, ¡Que mayor motivación! Podemos,
pese a sus enfrentados líderes, son los únicos que tienen muy claro qué
persigue su proyecto, aunque por letal espero que nunca puedan llevarlo a cabo.
