Todos hemos podido ver con
indignación como, por enésima vez, las calles de Barcelona se convertían en un
campo de batalla, tomadas por hordas de jóvenes violentos, que se dedicaban a
destrozar el mobiliario urbano y aterrorizar a sus pacíficos vecinos.
Ahora, la excusa para la
barbarie, era el desalojo de un local de una entidad financiera que estaba
siendo utilizado por el movimiento okupa como un centro social y cultural.
Ahora saben los barceloneses, que Xavier Trías, el anterior alcalde, les ocultó
que con dinero público pagaba 66.000 euros anuales en concepto de alquiler del
inmueble para así no tener que afrontar el problema.
Y claro está, Ada Colau,
llega a la alcaldía y deja de pagar el alquiler, algo que provocó una orden
judicial de desalojo que se ha llevado a cabo y que ha desencadenado la
violencia callejera.
Ada Colau, vive una
auténtica contradicción, ha pasado de liderar movimientos populares e protesta,
instigar acciones del movimiento okupa y boicotear desalojos, a ser una
alcaldesa obligada a mantener la ley y el orden. Ahora es la víctima de unas
fuerzas que ella ayudó a desencadenar.
Barcelona, como capital de
Cataluña, sufre las consecuencias de la falta de respeto a la legalidad
promovida por las autoridades, antes nacionalistas y ahora separatistas,
quienes desobedeciendo las leyes dieron un ejemplo letal, pues los antisistema
se sintieron respaldados y apoyados.
Los independentistas llevan
ya mucho tiempo sumando colectivos a su causa, dándoles igual que
representaban, el resultado es terrible, hoy en día, Barcelona es la capital
europea en donde residen más okupas, más
antisistema y más musulmanes radicales, incluso, hasta los manteros ilegales
son apoyados por el ayuntamiento, y por ello, hasta se atreven a agredir a la
guardia urbana.
Barcelona es un polvorín
que puede estallar en cualquier momento. De nada sirve llegar al poder si
después se carece de un proyecto político destinado a mejorar la vida de los
vecinos.
En todas las capitales donde
gobierna, Podemos o su entorno, se ve claramente que carecen de proyecto, pues
se han dedicado a la política de gestos y símbolos, hablamos de personas
incapaces de despojarse de su pasado militante y dedicarse a servir a sus
vecinos sin tener en cuenta cómo piensan.
