Comenzó la Transición y con ella el comienzo de los delirios autonomistas de unas regiones sin referentes identitarios que, si no los tenían, tenían que inventárselos, para así dar la sensación de que eran iguales que catalanes, vascos o gallegos. Fruto de esa frenética búsqueda de referentes, la izquierda andaluza recurrió a la figura de Blas Infante para convertirlo en su Sabino Arana particular.
Para su necesaria e inmediata mitificación resultó muy positivo el hecho de su asesinato, para ello, se llevó a cabo una campaña para idealizar su figura, su vida, su obra y sobre todo, sus intenciones y aspiraciones, tal es así que, a raíz de la aprobación del Estatuto de Andalucía, se reconoció como un “acto de justicia histórica” la decisión que el Parlamento de Andalucía tomó al reconocer a Blas Infante con la delirante y pomposa denominación de “Padre de la Patria andaluza”.
Su figura está siendo idealizada de principio a fin año tras año y ahora, con el actual gobierno de Moreno Bonilla (PP), se le ha presentado incluso como uno de los ejes principales del andalucismo, de sus símbolos y de muchas de sus actuaciones propagandísticas e institucionales, pero para ello, evitando y hasta negando muchas de las cuestiones y condiciones que rodean a este personaje como lo es, especialmente, sus ideales incompatibles con la constitución española.
Incompatible por su radical posición contraria a la monarquía constitucional y al Estado español. El andalucismo de Blas Infante es de ideología republicana y de adscripción claramente federal. Para él, la falta de legitimidad del Estado español nacía ya por causas de nuestra monarquía, afirmando así que “la Historia, a pesar del Estado artificioso, ha respondido siempre al hecho natural de esta estructura federalista, destruida formalmente por el interés patrimonial monárquico”. Para Blas Infante, el Estado español fue incluso una “Dictadura-medieval”. Y Europa, otro mal mayor: “Europa fue nuestra conquistadora y Castilla la avanzada de su ejército contra nosotros”. Era claramente un antieuropeo. La figura en cuestión afirmó: “Europa es el individuo para la masa. Andalucía, el individuo para la humanidad. Europa es el feudalismo territorial e industrial. Andalucía el individualismo libertario”. Así, Blas Infante concibió más bien la llegada de los españoles a Andalucía como la llegada de unos enemigos, negando así, incluso, la etapa de la Reconquista, algo lógico, pues él siempre aspiró sobre todo a un proyecto islamista para Andalucía.
En Blas Infante siempre primó su antiespañolismo, su odio a España. Se atrevió a decir: “Nos dirigimos a vosotros, andaluces de verdad; noventa y cinco por ciento de la población de Andalucía: jornaleros, colonos, pequeños terratenientes, artesanos, sufrida clase media. ¿Por qué llamáis patria a esa España? ¿Qué paternales desvelos tenéis a España que agradecer?” y “Nosotros no tenemos otras denominaciones que las de República Andaluza o Estado Libre de Andalucía para expresar la Andalucía soberana constituida en democracia republicana”. Unos le han catalogado de separatista, otros de federalista y hasta otros, partidario de una España unida pero islamizada. De hecho, Infante afirmó que “el Profeta de nuestros antepasados, de Al-Ándalus, será nuestro Profeta” y también que “trabajemos con suma cautela para que Andalucía vuelva a ser inspirada por su propio genio y porque su libro vuelva a ser el Al-Korán”.
En definitiva, se pone de manifiesto que la figura idealizada y mitificada que se hace del denominado “Padre de la Patria Andaluza”, Blas Infante, no respondería hoy en gran modo a los intereses comunes, a los valores y al espíritu de nuestra vigente Constitución española, de Andalucía, o de los andaluces, responde a unos intereses únicamente políticos que sirven como un elemento crucial del relato. Un relato que alimenta los intentos andalucistas de quienes vienen gobernándola desde el comienzo de las autonomías, sigue desvertebrada y con casi las mismas desigualdades.
Resulta bochornoso ver como el actual presidente andaluz, Moreno Bonilla (PP), rinde pleitesía a la memoria de semejante personaje alimentando con falsedades algo que se puede convertir en un monstruo que lastre el futuro de Andalucía, hasta acaba de revivirlo con IA en su Canal Sur.
Un engaña criaturas con el que algunos han encontrado la excusa perfecta para darse la vida
Esta mañana estuve tomando café con amigo que se declara muy admirador de Blas Infante, pero sin haber leído ni papa su libro. Saco su librito y lee páginas seleccionadas que demuestran su iluminismo y a callar, lo mismo con Al Ándalus, que no es árabe, ya que cuando llegaron los árabes Ándalus era el nombre que se utilizaba y le pusieron el Al para islamizarlo. No se debe opinar sobre opiniones sin haberlas contrastado.