La vigilancia oficial de la
mansión de la pareja, Pablo Iglesias-Irene Montero, vicepresidente y ministra
del Gobierno, en la localidad madrileña de Galapagar, se está convirtiendo en
un escándalo de grandes magnitudes, un hecho que está dejando desprotegidos a
los residentes en toda esa comarca.
Para el nuevo Jefe de la
Comandancia de la Guardia Civil de Madrid se ha convertido en una prioridad el
blindaje del hogar de los líderes comunistas de Unidas Podemos, y en ello
emplea tantos recursos, que pone en grave riesgo la seguridad de municipios
como El Escorial, Galapagar, Torrelodones, Hoyo de Manzanares o Robledo de
Chavela.
Iglesias y Montero, él y
ella, han contado con la seguridad personal de Policía Nacional con la que
cuentan todos los miembros del Gobierno, además de una pareja de la Guardia
Civil situada permanentemente 24 horas en una garita en la puerta de la
mansión.
Cuando a primeros de mayo
empezaron a registrarse caceroladas en las cercanías del domicilio de los
Iglesias, más numerosas los fines de semana, se empezaron a tomar medidas
desproporcionadas, pues el perímetro de seguridad llega a situarse hasta a
medio kilómetro del fortín de los líderes podemitas, residencia vigilada día y
noche, incluso ya hasta por una docena de guardias GRS, unidad de élite de la
Guardia Civil, así como por miembros de la USECIC, grupos de respuesta rápida.
Por visto, la únicas vidas y propiedad que importa en la zona, es la de ellos,
a los demás que les den.
