Sánchez y sus perniciosos
socios se han encargado de tumbar todas las enmiendas, la del PP y la de Vox, a
la totalidad, a la esa Ley de Educación que llaman “Ley Celaá” y que tiene como
objetivo, arrinconar la educación concertada y la educación especial, arremeter
contra la educación diferenciada por sexos, expulsar al español de las aulas en
las CCAA bilingües, relegar a la nada la asignatura de religión, y por
supuesto, renunciar a la meritocracia. Socialistas y comunistas tienen muy
claro que mientras más ignorante sea el pueblo, más manejable es.
La puesta en marcha de
control de temperatura en el aeropuerto de Madrid-Barajas ha contabilizado en
el haber del Gobierno un nuevo fracaso, pues solo tres funcionarios fueron
puestos para realizar esa labor y se formó el caos, ayer tarde, colas de hasta
tres horas donde a pesar del protocolo establecido no se han cumplido con las
medidas de distanciamiento social durante la espera. Parecen empeñados en
ahuyentar al turismo.
Y qué decir de lo último que
nos ha dicho nuestro psicópata presidente, tras su gestión negligente y
criminal de la pandemia, sale ahora diciendo que gracias a él se han evitado
450.000 muertes, este tío es un “jeta” de cuidado. Todos en nuestra vida hemos mentido
alguna vez, pero jamás lo hice ni vi hacerlo con tanta soltura y tanta
insolencia. Cuando afirmo que Sánchez es un enfermo mental, no lo hago como
insulto político, lo digo convencido, y le deseo que cuando abandone La Moncloa
se ponga en manos de profesionales que sean capaces de devolverle, si es
posible, a la cordura.
