El asedio al que sometieron
miles de independentistas a la Guardia Civil, cuando esta, por orden judicial
registraba la Consejería de Economía, asedio permitido por los responsables
políticos de los Mozos, quienes actuaron de cómplices necesarios de la chusma
sediciosa, ya ha tenido consecuencias.
El Ministerio del Interior,
asume las funciones de coordinación de los Mozos con el resto de las Fuerzas de
Seguridad del Estado, intervienen un cuerpo cuyos responsables políticos
estaban instalados en la deslealtad, y ya no garantizaban la seguridad de la
ciudadanía. La decisión tomada por el Gobierno está avalada por el
Tribunal Supremo.
Pero se ha hecho también, por
muchos más motivos, pues han consentido el acoso a los jueces a las puertas del
TSJC, incluso alguno de los Mozos se ha atrevido a poner en la diana a alguno
de sus compañeros por querer cumplir la ley. Hay Mozos, que en las RRSS hacen
llamamientos a la sedición, otros publican fotos con esteladas, y el mayor
Trapero se ha negado a acatar las órdenes de la Fiscalía. Es evidente, que los
Mozos se han ganado a pulso ser intervenidos por el Estado, ahora estarán bajo
el mando de un coronel de la Guardia Civil.
Los Mozos, desde ya, dejan de
ser un instrumento al servicio de los golpistas, y quien se niegue a acatar las
órdenes que reciba, en apoyo de la legalidad y para defender a todo aquel que
sea coaccionado, amenazado o agredido, podrá ser detenido por desobediencia e
ingresará en prisión.
Pese a que, al enterarse de
la noticia de la intervención, los responsables políticos del cuerpo, han
puesto el grito en el cielo, a regañadientes, eso sí, los Mozos han terminado
por acatar la orden de la Fiscalía.
Mientras todo esto ocurre, el
anormal que dirige al PSOE, de nombre Pedro Sánchez, insiste en que “obligará a
Rajoy a buscar una solución pactada con Cataluña”. Desde esa realidad paralela
en la que parece vivir, se apunta a la equidistancia, cuando en este caso, o
estas con la legalidad, o estás con los independentistas, o no estás en ningún
sitio, y ese es precisamente el sitio donde está este auténtico “peligro
público”.
