Al igual que los españoles somos los principales responsables de que llegase a la presidencia del Gobierno un psicópata como Sánchez, los españoles que residen en Cataluña son los responsables de lo que allí sucede, pues una parte importante de ellos se han olvidado de la democracia para abrazar el totalitarismo más abyecto.
Ayer fue noticia una heladería argentina de Barcelona que había sido víctima de un ataque separatista a su local, simplemente porque una camarera no entendió a una clienta que le habló en catalán, ante lo cual la clienta, una separatista catalana, insultó a la camarera. Es innegable, que hace ya mucho que en Cataluña el totalitarismo ha sustituido a la libertad. Creo que ya es hora de que denominemos a los separatistas catalanes con una sola palabra “nazis”.
El separatismo ha elaborado una serie de normas propias de una dictadura fascista, proceso apoyado por los socialistas catalanes del PSC. Normas que incluyen la expulsión de la lengua española en los colegios y multas a los comerciantes que rotulen sus tiendas en español. Esas normas totalitarias obvian el hecho de que en Cataluña hay dos lenguas oficiales, el español y el catalán. Desde hace años, el objetivo del separatismo catalán es meridianamente claro, expulsar la lengua española de Cataluña y conseguir que nadie se atreva a usar el español si no quiere sufrir represalias.
La Cataluña que hoy conocemos, es la clara consecuencia de una izquierda que se ha hecho cómplice del supremacismo y de un Partido Popular que desde hace mucho pensó que el apaciguamiento propiciado por pequeñas cesiones funcionaría y solo consiguió que la bestia creciera.
En el separatismo catalán converge todo lo peor del comunismo, el nazismo y por supuesto, “de pe a pa” todas las políticas lingüísticas que se llevaron a cabo en el Apartheid sudafricano.
En Cataluña, hace ya demasiado tiempo que el Estado de derecho está ausente, que la Constitución no rige, por lo que se pisan a diario los derechos y las libertades de los ciudadanos españoles no separatistas. Si hubiera justicia en este país, todos y cada uno de los gobiernos que han mirado hacia otro lado, deberían ser sentados ante un banquillo. Mucho me temo, que entre quienes participaron en la redacción de nuestra Carta Magna había algún interesado en dejar muchos temas demasiado abiertos en su redacción que en el futuro nos traería grandes problemas.
Lo que allí ocurre solo tiene ya una solución, la suspensión sine die de la autonomía catalana con la aplicación casi eterna del Art. 155, pero esto que digo, el PP nunca lo hará. El gran problema que tiene la España actual es que todos los partidos a excepción de VOX son autonomistas y miran más por sus intereses que por los nuestros manteniendo el ruinoso e injusto Estado autonómico. A veces pienso que, hasta que los españoles no nos veamos hundidos en la miseria, como ha sucedido en Argentina, no vamos a reaccionar.
Está super claro que solamente importa el interés de una minoría.