El Partido Popular y
Ciudadanos se hallan enfrascados, teóricamente, en una negociación para que se
materialice un acuerdo de investidura, y digo teóricamente, porque más bien
parece que se hallan inmersos en un paripé donde escenifican cada uno lo que
les interesa de cara a los medios para mejorar sus respectivos resultados
electorales de cara a esas cada vez más probables terceras elecciones consecutivas,
más conocidas ya, como “las elecciones del polvorón”.
Y eso es así, porque Pedro
Sánchez sigue sin moverse ni un milímetro de su postura inicial, de ese no a la
investidura de Mariano Rajoy. Por ello, toda esa negociación entre PP y
Ciudadanos, para lo único que puede servir es para demostrar a la ciudadanía
que ellos si son partidos supuestamente dialogantes y responsables.
Nos dicen que la
negociación avanza poco, que de las exigencias previas y obligatorias de Rivera
poco va a quedar plasmado en el documento final, si lo hubiera.
Ciudadanos no hace mucho
abogaba por suprimir el CGPJ, ahora pretende que de los 20 miembros del CGPJ,
12 los nombren los jueces y magistrados, y ocho a partes iguales Congreso y
Senado, es decir, el 40% de los miembros serán nombrados por los partidos con
representación parlamentaria, vaya tomadura de pelo, ¿y a esto le llama Rivera
despolitizar la Justicia? Las sucias manos de los partidos no deben nombrar ni
a uno solo de los miembros del CGPJ.
Si el Partido Popular
acepta esa propuesta de Rivera, es simplemente porque es falso que se
despolitice el Poder Judicial, pues los populares nunca estuvieron por la
labor. Aún recuerdo cuando Gallardón dijo aquella famosa frase de “tenemos que
acabar con el obsceno espectáculo de………”.
Es de justicia recordar, que el único partido que siempre se negó a nombrar a ningún miembro del CGPJ fué UPYD, un partido que siempre ha hecho lo que dice.
En el tema de la corrupción
pasó, en el de la Justicia vuelve a pasar, las medidas supuestamente
regeneracionistas de Ciudadanos, al final se quedan en casi nada. En el ámbito
de las palabras, Rivera es un “fenómeno”, en cambio, en el de los hechos deja
muchísimo que desear. Si pretendía ser el nuevo Adolfo Suárez, con el tiempo se
ha demostrado que este muchacho no le serviría a Don Adolfo ni de asistente.
